Ester le dice al rey Van a matar a mi pueblo y a mí
Antes de que Esdras fuera a Jerusalén. Mardoqueo y Ester son los
israelitas de más importancia que hay en el reino de Persia. Ester es
la reina y su primo Mardoqueo es segundo en poder solo al rey. Vamos a
ver cómo llegó a pasar esto.
Ester perdió sus padres cuando
ella era pequeñita, y por eso Mardoqueo la crió. Asuero, el rey de
Persia, tiene un palacio en la ciudad de Susa, y Mardoqueo es uno de los
siervos que tiene. Pues bien, cierto día Vasti, la esposa del rey,
no le obedece, y el rey escoge una nueva esposa como reina. ¿Sabes a
quién escoge? Sí, a la linda Ester.
¿Ves a este hombre orgulloso al que se está inclinando la gente?
Es Hamán, un hombre muy importante en Persia. Él quiere que Mardoqueo, a
quien ves sentado allí, se incline a él también. Pero Mardoqueo no hace
eso. A él no le parece correcto inclinarse a un hombre tan malo. Hamán
se enfurece. Y ahora verás lo que hace.
Hamán le cuenta
mentiras al rey acerca de los israelitas. ‘Son malos y no obedecen tus
leyes,’ dice. ‘Se les debe matar.’ Asuero no sabe que su esposa es
israelita. Así que escucha a Hamán, y hace una ley que dice que en
cierto día se ha de dar muerte a todos los israelitas.
Cuando
Mardoqueo oye acerca de la ley, se inquieta mucho. Envía un mensaje a
Ester: ‘Háblale al rey, y pídele que nos salve.’ Es contra la ley de
Persia ir a ver al rey a menos que se reciba invitación. Pero Ester va
sin que la inviten. El rey le extiende su vara de oro, lo cual quiere
decir que no la deben matar. Ester invita al rey y a Hamán a una gran
comida. Allí el rey le pregunta a Ester qué favor quiere de él. Ester
dice que se lo dirá si él y Hamán vienen a otra comida que ella tendrá
el día siguiente.
En aquella comida Ester le dice al rey: ‘Van a matar a mi pueblo y a mí.’ El rey se enoja. ‘¿Quién se atreve?’ pregunta.
‘¡El hombre, el enemigo, es este malo Hamán!’ dice Ester.
Ahora sí que el rey se enoja. Manda que maten a Hamán. Después, el
rey hace a Mardoqueo segundo en poder solo a él. Mardoqueo entonces se
encarga de que se haga una nueva ley que permite que los israelitas
peleen por su vida en el día en que se supone que los maten. Porque
Mardoqueo es tan importante ahora, muchas personas ayudan a los
israelitas, y éstos se salvan de sus enemigos.
La vida de un hombre que tiene poder
Hay muchas maneras de estudiar las
palabras y la vida de nuestro Señor Jesucristo. Al estudiar su vida, los
mismos evangelios, Mateo, Marcos, Lucas, Juan, nos demuestran que hay 4
perspectivas diferentes de la persona de Cristo; nos muestran a Jesús
como el Hijo de Dios, como el Hijo del Hombre, y como el Rey. Esto nos
permite visualizar a Cristo de diferentes maneras para entender el
mensaje completo.
Las palabras de nuestro Señor Jesucristo
van desde lo que dijo de sí mismo, hasta lo que dijo del Padre; desde
las cosas que le dijo a sus discípulos, hasta lo que dijo a la multitud.
Esta perspectiva amplia es para que
entiendas que, lo dicho en estas líneas, no encierra todo el poder de
las palabras de nuestro Señor Jesucristo, sino tan solo una parte en
específico.
Juan 1:1 comienza de una manera similar
al evangelio de Mateo, hablando del inicio de nuestro Señor Jesucristo;
pero, mientras los otros evangelistas dan sus genealogías naturales,
Juan lo presenta de esta forma:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”
Al analizar la persona de Cristo, lo más
poderoso no son los milagros, sino la palabra. Y es que, aunque un
milagro puede transformar tu vida, no es más que el resultado de una
palabra. Si analizas todos los milagros de Jesucristo, te darás cuenta
que, en todos ellos, siempre hubo una palabra involucrada, ya sea antes,
en medio, o después de cada milagro.
La palabra, o desataba el milagro, o
desataba a la persona para que recibiera el milagro, o hacía que el
milagro se completara. Hubo milagros que Jesucristo hizo poco a poco, en
etapas. A un ciego lo sano al instante, a otro, lo envío al estanque a
lavarse.
Hay milagros que hizo con el propósito
de enseñar algo; como en el momento que le llevan a un hombre
endemoniado, preguntándole a Cristo si la culpa era del hombre o de sus
padres. Él les dijo que no importa quién cometió el pecado, sino que el
Padre sea glorificado; y le da la palabra y hace el milagro.
A la mujer de flujo de sangre, aun
después de ser sana simplemente tocando el borde del manto del Maestro,
Jesús detiene todo, para darle una palabra. Él pudo simplemente haber
dado gloria a Dios en ese instante y seguir su camino; pero Él sabía que
el milagro tenía que ser completado con una palabra; él le dijo: Has
sido sana por completo, refiriéndose a que ella había recibido aun lo
que había perdido.
A veces, la iglesia le presta más
atención a los resultados, a lo que vemos, a lo que estamos buscando, a
lo que queremos alcanzar, sin darnos cuenta que la fuente principal de
esos resultados es estar expuestos a una palabra.
No se trata de ver al pastor como
Cristo; Cristo era el Hijo de Dios, era el verbo hablado, era Dios
hablando. Las palabras de Cristo tenían un poder verdaderamente
sobrenatural. Ahora, Dios usa a alguien imperfecto, para poder
perfeccionarte a ti.
Para recibir tu milagro hoy, tienes que
trascender de tu propia mente y entender, en tu espíritu, el poder de
las palabras de Cristo.
Natán y el rey david
2 Samuel 12
Natán amonesta a David
12 Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre.
2 El rico tenía numerosas ovejas y vacas;
3 pero
el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y
criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo
de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía
como a una hija.
4 Y
vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y
de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino
que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que
había venido a él.
5 Entonces
se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y
dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte.
6 Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia.
7 Entonces
dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de
Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl,
8 y
te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además
te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría
añadido mucho más.
9 ¿Por
qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo
delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer
a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón.
10 Por
lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me
menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu
mujer.
11 Así
ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma
casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo,
el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol.
12 Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol.
13 Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.
14 Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.
15 Y Natán se volvió a su casa.
Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y enfermó gravemente.
16 Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra.
17 Y
se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo
levantar de la tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan.
18 Y
al séptimo día murió el niño; y temían los siervos de David hacerle
saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aún
vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿cuánto más se
afligirá si le decimos que el niño ha muerto?
19 Mas
David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había
muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y
ellos respondieron: Ha muerto.
20 Entonces
David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus
ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y
pidió, y le pusieron pan, y comió.
21 Y
le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño,
viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste
pan.
22 Y
él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo:
¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño?
23 Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.
24 Y
consoló David a Betsabé su mujer, y llegándose a ella durmió con ella; y
ella le dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón, al cual amó
Jehová,
25 y envió un mensaje por medio de Natán profeta; así llamó su nombre Jedidías,[a] a causa de Jehová.
David captura Rabá
(1 Cr. 20.1-3)
26 Joab peleaba contra Rabá de los hijos de Amón, y tomó la ciudad real.
27 Entonces envió Joab mensajeros a David, diciendo: Yo he puesto sitio a Rabá, y he tomado la ciudad de las aguas.
28 Reúne,
pues, ahora al pueblo que queda, y acampa contra la ciudad y tómala, no
sea que tome yo la ciudad y sea llamada de mi nombre.
29 Y juntando David a todo el pueblo, fue contra Rabá, y combatió contra ella, y la tomó.
30 Y
quitó la corona de la cabeza de su rey, la cual pesaba un talento de
oro, y tenía piedras preciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David. Y
sacó muy grande botín de la ciudad.
31 Sacó
además a la gente que estaba en ella, y los puso a trabajar con
sierras, con trillos de hierro y hachas de hierro, y además los hizo
trabajar en los hornos de ladrillos; y lo mismo hizo a todas las
ciudades de los hijos de Amón. Y volvió David con todo el pueblo a
Jerusalén.
David y Betsabé
2 Samuel 11
David y Betsabé
11
Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la
guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y
destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en
Jerusalén.
2 Y
sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se
paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una
mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa.
3 Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo.
4 Y
envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella.
Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa.
5 Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta.
6 Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías heteo. Y Joab envió a Urías a David.
7 Cuando Urías vino a él, David le preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y por el estado de la guerra.
8 Después
dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo
Urías de la casa del rey, le fue enviado presente de la mesa real.
9 Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa.
10 E
hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no ha descendido a su
casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de camino? ¿Por qué, pues, no
descendiste a tu casa?
11 Y
Urías respondió a David: El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y
mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de
entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida
tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa.
12 Y David dijo a Urías: Quédate aquí aún hoy, y mañana te despacharé. Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente.
13 Y
David lo convidó a comer y a beber con él, hasta embriagarlo. Y él
salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no
descendió a su casa.
14 Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías.
15 Y
escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más
recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera.
16 Así fue que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes.
17 Y
saliendo luego los de la ciudad, pelearon contra Joab, y cayeron
algunos del ejército de los siervos de David; y murió también Urías
heteo.
18 Entonces envió Joab e hizo saber a David todos los asuntos de la guerra.
19 Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabes de contar al rey todos los asuntos de la guerra,
20 si
el rey comenzare a enojarse, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis
demasiado a la ciudad para combatir? ¿No sabíais lo que suelen arrojar
desde el muro?
21 ¿Quién hirió a Abimelec hijo de Jerobaal? ¿No echó una mujer del muro un pedazo de una rueda de molino, y murió en Tebes? ¿Por qué os acercasteis tanto al muro? Entonces tú le dirás: También tu siervo Urías heteo es muerto.
22 Fue el mensajero, y llegando, contó a David todo aquello a que Joab le había enviado.
23 Y
dijo el mensajero a David: Prevalecieron contra nosotros los hombres
que salieron contra nosotros al campo, bien que nosotros les hicimos
retroceder hasta la entrada de la puerta;
24 pero
los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron
algunos de los siervos del rey; y murió también tu siervo Urías heteo.
25 Y
David dijo al mensajero: Así dirás a Joab: No tengas pesar por esto,
porque la espada consume, ora a uno, ora a otro; refuerza tu ataque
contra la ciudad, hasta que la rindas. Y tú aliéntale.
26 Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido.
27 Y
pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y
le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable
ante los ojos de Jehová.
La misericordia de un hombre y la derrota de los sirios
Derrotas de amonitas y sirios
(1 Cr. 19. 1-19)
10 Después de esto, aconteció que murió el rey de los hijos de Amón, y reinó en lugar suyo Hanún su hijo.
2 Y
dijo David: Yo haré misericordia con Hanún hijo de Nahas, como su padre
la hizo conmigo. Y envió David sus siervos para consolarlo por su
padre. Mas llegados los siervos de David a la tierra de los hijos de
Amón,
3 los
príncipes de los hijos de Amón dijeron a Hanún su señor: ¿Te parece que
por honrar David a tu padre te ha enviado consoladores? ¿No ha enviado
David sus siervos a ti para reconocer e inspeccionar la ciudad, para
destruirla?
4 Entonces
Hanún tomó los siervos de David, les rapó la mitad de la barba, les
cortó los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y los despidió.
5 Cuando
se le hizo saber esto a David, envió a encontrarles, porque ellos
estaban en extremo avergonzados; y el rey mandó que les dijeran: Quedaos
en Jericó hasta que os vuelva a nacer la barba, y entonces volved.
6 Y
viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, enviaron
los hijos de Amón y tomaron a sueldo a los sirios de Bet-rehob y a los
sirios de Soba, veinte mil hombres de a pie, del rey de Maaca mil
hombres, y de Is-tob doce mil hombres.
7 Cuando David oyó esto, envió a Joab con todo el ejército de los valientes.
8 Y
saliendo los hijos de Amón, se pusieron en orden de batalla a la
entrada de la puerta; pero los sirios de Soba, de Rehob, de Is-tob y de
Maaca estaban aparte en el campo.
9 Viendo,
pues, Joab que se le presentaba la batalla de frente y a la
retaguardia, entresacó de todos los escogidos de Israel, y se puso en
orden de batalla contra los sirios.
10 Entregó luego el resto del ejército en mano de Abisai su hermano, y lo alineó para encontrar a los amonitas.
11 Y dijo: Si los sirios pudieren más que yo, tú me ayudarás; y si los hijos de Amón pudieren más que tú, yo te daré ayuda.
12 Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le pareciere.
13 Y se acercó Joab, y el pueblo que con él estaba, para pelear contra los sirios; mas ellos huyeron delante de él.
14 Entonces
los hijos de Amón, viendo que los sirios habían huido, huyeron también
ellos delante de Abisai, y se refugiaron en la ciudad. Se volvió, pues,
Joab de luchar contra los hijos de Amón, y vino a Jerusalén.
15 Pero los sirios, viendo que habían sido derrotados por Israel, se volvieron a reunir.
16 Y
envió Hadad-ezer e hizo salir a los sirios que estaban al otro lado del
Eufrates, los cuales vinieron a Helam, llevando por jefe a Sobac,
general del ejército de Hadad-ezer.
17 Cuando
fue dado aviso a David, reunió a todo Israel, y pasando el Jordán vino a
Helam; y los sirios se pusieron en orden de batalla contra David y
pelearon contra él.
18 Mas
los sirios huyeron delante de Israel; y David mató de los sirios a la
gente de setecientos carros, y cuarenta mil hombres de a caballo; hirió
también a Sobac general del ejército, quien murió allí.
19 Viendo,
pues, todos los reyes que ayudaban a Hadad-ezer, cómo habían sido
derrotados delante de Israel, hicieron paz con Israel y le sirvieron; y
de allí en adelante los sirios temieron ayudar más a los hijos de Amón.
Eres el proposito de Dios Aqui en la tierra
9 Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?
2 Y
había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual
llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él
respondió: Tu siervo.
3 El
rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo
misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de
Jonatán, lisiado de los pies.
4 Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar.
5 Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar.
6 Y
vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró
sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él
respondió: He aquí tu siervo.
7 Y
le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo
misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las
tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.
8 Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?
9 Entonces
el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y
de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor.
10 Tú,
pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y
almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para
comer; pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y
tenía Siba quince hijos y veinte siervos.
11 Y
respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el
rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset, dijo el rey, comerá a
mi mesa, como uno de los hijos del rey.
12 Y tenía Mefi-boset un hijo pequeño, que se llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefi-boset.
13 Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies.











