La tierra que Dios les había prometido estaba al otro lado del Jordán
En el momento en que el pueblo de Israel se disponía a cruzar el Jordán e ir a la guerra para así conquistar la tierra prometida, dice la palabra –en Números 32– que hubo un grupo que quiso quedarse al oriente del río, porque vieron que era tierra de ganado, y ellos tenían ganado.
Los hijos de Rubén y los hijos de Gad permitieron que el ganado determinara el lugar en el que se establecerían, por encima de la promesa de Dios. La tierra que Dios les había prometido estaba al otro lado del Jordán, pero ellos preferían conformarse con la tierra que estaba al oriente del río porque, ante sus ojos, parecía buena. Esta gente lo que estaba diciendo era: No me interesa cruzar al lugar donde Dios quiere que yo esté, porque yo creo saber escoger mejor que Dios.
¡Qué tristeza que, pudiendo alcanzar cosas más grandes, nos quedemos cortos ante lo que Dios nos ha prometido, por darle prioridad a las cosas incorrectas!
Al momento de hacer su petición para quedarse, los hijos de Rubén y de Gad apelaron a Moisés, diciendo: No nos hagas pasar el Jordán. En otras palabras: No nos hagas pasar trabajo. De la misma manera, hoy, hay gente que no quiere pasar más trabajo del que ellos consideran necesario, no quieren presión, quieren ir suave; pero es importante que tú sepas que todo lo nuevo que Dios tiene para ti va a requerir que tú te atrevas a cruzar, a dejar las cosas del pasado, a arriesgarte.
Si lo que tú tienes hoy es bueno, ¡gloria a Dios! Pero algo bueno puede convertirse en desobediencia delante de Dios, si tú no te atreves a moverte al lugar donde Dios te quiere posicionar.
En aquella tierra, ya no había gigantes. Entonces, ¿qué era lo que ellos no querían? No querían pelear. Es por esto que, a fin de cuentas, Moisés les permitió quedarse, pero no sin antes cuestionarles: ¿Irán sus hermanos a la guerra, y ustedes se quedarán aquí? En otras palabras: ¿Tan egoístas son? ¿Van a dejar que otros se arriesguen, y ustedes se van a quedar?
Una de las razones por las que hay personas que no quieren cruzar al otro lado es por egoísmo. Porque, como ellos están bien, pues los demás no importan. Una de las actitudes más egoístas es no creer en prosperidad. Las oraciones más egoístas y más avaras son las de aquellos que solo piden para suplir sus necesidades, en lugar de pedir en abundancia para poder dar a otros.
Tú tienes que cruzar y pelear, no solo por ti, sino porque tus hermanos te necesitan al otro lado.
Aunque la única razón que tengas para cruzar al otro lado sea que Dios lo dijo, que Dios lo prometió; aunque estés bien en donde estás, arriésgate, atrévete, ejercita tu fe. No te conformes con algo bueno, si no fue lo que Dios te prometió. No te quedes al otro lado del río. Sal del oriente de tu Jordán, sal de tu zona de comodidad. Cruza al otro lado, conquista todo lo que Dios te ha prometido. No te dejes llevar por lo bien que puedan parecer las cosas de este lado del río. Déjate llevar por lo que Dios ha dicho, y Dios ha dicho que llegó el momento de cruzar al otro lado
La gloria de Dios para tu vida
El pueblo de Israel se presta a cruzar el Jordán, Dios les instruye que siguieran el arca del pacto. El arca iba sobre los hombros de los sacerdotes y a cierta distancia -dos mil codos- por lo que no se podía ver a simple vista. Lo que se podía ver era la gloria de Dios sobre aquella arca.
La gloria de Dios se puede ver a la distancia. Te puedes dirigir hacia esa gloria para lo nuevo que Dios tiene para tu vida. Esa gloria no es cargada por animales, sino únicamente sobre hombros de hombres.
Es el arca sobre los hombres, sobre tu vida, la que hace que, tan pronto pones tus pies sobre el río Jordán, se abra y puedas cruzar a lo nuevo de Dios para ti. El Jordán se abre porque tiene que responder a la gloria de Dios que cargas sobre tus hombros, de la misma manera que, cuando Adán estaba en el Edén, los animales respondían, no a Adán, sino a la gloria de Dios que estaba en Adán.
La naturaleza responde a la gloria de Dios.
No experimentarás lo nuevo de Dios, mientras sigas frustrado, mirando hacia el suelo y llevando sobre tus hombros la carga pesada del pasado. Tus hombros no fueron creados para llevar la carga del pasado, sino para cargar la gloria de Dios, que es lo que te abrirá camino a lo nuevo de Dios en tu vida. El río se abre delante de ti para darte una nueva experiencia.
Todo lo que está cerrado tiene que abrirse ante la gloria de Dios; y la biblia dice que la gloria venidera será mayor que la primera. Prepárate porque lo que has visto no se compara con lo que Dios va a hacer.
Moisés le dijo a Dios: Quiero ver tu rostro. Dios le dice: Te mostraré mi Gloria, que en el texto original es “voy a mostrarte mi bien”; en otras palabras: Voy a mostrarte lo bueno que he sido. Cargar la gloria de Dios es recodar siempre todo el bien que Dios ha hecho delante de ti.
El arca de Dios representaba la gloria de Dios, y sobre ese lugar Dios se movía. Tus hombros no fueron creados para llevar carga pesada, sino para llevar la gloria de Dios y todo lo que está delante de ti tiene que responder porque sobre ti se mueve la gloria de Dios. Así que levántate, sécate las lagrimas, deja la tristeza. Entiende que no vas en tu nombre, sino que vas en el nombre del Dios Todopoderoso. Atrévete a caminar por lugares que nunca te habías atrevido sabiendo que el mundo tiene que responder a la gloria de Dios que va sobre tus hombros.
El milagro de Dios en ti
En Marcos 2:18-22, Jesús habla sobre el
vino
El primer milagro que hizo Jesús fue
convertir el agua en vino, para que no se acabara una fiesta de bodas.
La fiesta se estaba acabando porque las tinajas de vino estaban vacías.
Jesús dijo que llenaran las tinajas de
agua, que representa la palabra de Dios. Cada vez que vas a la iglesia,
vas llenándote de agua y, con el agua, llega el milagro que estás
esperando para que la fiesta no se termine. Entonces, sales de la
iglesia diferente, y comienza a cambiar todo en tu vida.
El deseo de Dios es mantenerte siempre lleno. Dios detesta las cosas vacías.
El odre tenía varias cualidades
positivas y negativas. El odre tenía la capacidad de expandirse, si era
nuevo. En el odre, no se podía guardar el vino por mucho tiempo porque
el odre contaminaba el vino. Por esto, se guardaba el vino en tinajas
para que fuera preservado por mucho tiempo.
La transformación del nuevo nombre toma tiempo
Génesis 17, vemos la transformación de
Abram, a quien Dios llama Abraham. Lo único que Dios hizo fue insertar
una “h”. Esta letra, proviene de Dios, del nombre Jehovah. Dios insertó
su nombre dentro del nombre de Abram, de su naturaleza y de esta manera
mostró todo lo que iba a hacer con él.
El nombre de Abram significa, “padre
exaltado”; Abraham significa “padre de multitudes”. El primer nombre no
tenía relación con lo que Dios le había prometido, de que le daría una
descendencia. Dios se inserta dentro del nombre para darle la
posibilidad de que se cumpliera todo lo que le había prometido. Desde
ese momento en adelante, cada vez que lo llamaran Abraham, mencionaban a
Dios dentro de su vida.
No necesitas tener una experiencia sobrenatural, basta una letra, un poco de Dios en tu vida, para que seas transformado.
Cuando Dios comience a trabajar en tu
vida, espiritualmente hablando, tendrá que llegar un momento en que la
naturaleza de Dios se inserte dentro de ti y, cuando te llamen, no habrá
distinción. La biblia dice, en el Nuevo Testamento, que el que se une a
Dios, un espíritu es con Él. Luego que unes el café con la leche, no
se puede distinguir dónde comienza la leche o el café, porque ya están
unidos. Puedes echarle más café al punto de verse obscuro o más leche, y
no hay manera de que separes estas dos sustancias.
Lo mismo sucede cuando Dios se inserta
en la vida de un creyente. No se trata de acercarte más a Dios, sino de
que Dios esté dentro de ti.
Jacob, también tuvo esta experiencia;
Dios le cambió el nombre a Israel. Pero Dios se siguió llamando el Dios
de Abraham, de Isaac y de Jacob, porque Dios nunca ha tenido problema
con nuestro nombre. El problema lo tenía Jacob, que quería ser un nuevo
hombre y el nombre no se lo permitía. Dios no tiene ningún problema
con identificarse con tu naturaleza. En el principio, Dios creó al
hombre del polvo de la tierra. Si hay alguien que ha estado dispuesto a
ensuciarse por ti, ha sido Dios, desde el principio. Es el hombre
quien ha estado insatisfecho con su naturaleza humana y desea
renovación, transformación.
Cuando Dios insertó su carácter en la
vida de Abraham, no sucedió de un día para otro. Dios trabajó con Abram
poco a poco hasta cambiarle el nombre. Primero, sale por fe creyendo;
luego, se hace la circuncisión, que era la marca de ser separado para
Dios, y podemos ver que aún con estas experiencias, Dios no le había
cambiado el nombre. Lo que le dio el cambio fue una experiencia
personal con Dios, luego de una ofrenda.
La transformación del nuevo nombre toma tiempo, pero lamentablemente el ser humano no tiene la paciencia.
No te desesperes, naturalmente es
necesario que pase un proceso, un tiempo para que el carácter de Dios se
inserte dentro de ti, y seas transformado de tal manera que, cuando los
que te rodean te llamen por tu nombre, no noten donde empieza Dios y
donde empieza tu naturaleza humana, porque ya eres uno en Cristo.
Tanto a Abraham, como a Jacob, les tomó
varios años la transformación. ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a
caminar con Dios, soportando tu vieja naturaleza? ¿Cuánto tiempo puedes
soportar tus debilidades, frustraciones, fracasos, hasta ver que la
promesa se cumpla en tu vida y veas la transformación? ¿Puedes creer
que Dios puede prosperarte, aún estando endeudado? ¿Puedes creer que
hay cielos abiertos para tu vida, aunque el mundo te siga llamando
Jacob?
Nunca se ha tratado de que Dios no tenga
paciencia con el hombre; siempre se ha tratado de que el hombre no
tiene paciencia. Ten paciencia contigo mismo y, a pesar de la marca que
el mundo te ha puesto, sigue caminando con Dios, hasta que seas
transformado.
Cielo nuevo y tierra nueva para aquellos que hemos creído
Los primeros versículos de Deuteronomio 28 hablan sobre las recompensas de la obediencia a Dios. En el versículo 23, comienza a hablar de las consecuencias de la desobediencia a Dios, diciendo:Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas.
De la misma forma que hay cielo nuevo y tierra nueva para aquellos que hemos creído, hay algunos que viven bajo cielos de bronce y sobre tierra de hierro; nada ocurre en sus vidas.
Como en las caricaturas, cuando el muñequito siempre tiene una nube negra encima, así hay mucha gente que van a la iglesia pero los cielos están cerrados. Sobre ellos, el cielo es de bronce; nada entra, nada sale, la tierra no responde a nada, es hierro.
La frustración de mucha gente es que no haya ninguna respuesta del cielo, que no haya ninguna reacción al cielo, que no haya ninguna reacción a nada. Hay muchos cristianos que, aunque aman a Dios con todo su corazón, lamentablemente los cielos están cerrados sobre ellos.
Pero, ¿qué hace que los cielos se cierren sobre una persona? ¿Que hace que la promesa del cielo nuevo y de la tierra nueva que Dios quiere darte no se manifieste?
Primero, la desobediencia, el desobedecer a Dios, que no necesariamente es pecar. Desobedecer es no hacer lo que Dios quiere que hagas, no responder a la voz de Dios. ¿Cuántas veces el Señor te ha movido a orar por alguien en tu habitación o a leer la palabra y no lo hiciste? Si el corazón no está listo para obedecer a Dios, para reaccionar a Dios, no puede haber respuesta del cielo.
Otra cosa que hace que los cielos se cierren sobre una persona son sus declaraciones. Hay gente que está viviendo con cielos cerrados sobre su vida, con cielos de bronce, por toda la maldición que hablan, toda la queja que tienen, por todo lo que declaran negativo sobre su vida.
¿Sabes cuántas palabras dices, cuántas oraciones haces, que cancelan el poder de Dios en esta tierra? La misma iglesia, a veces, lo que habla es de terremotos, del pecado; pero, ¿dónde está la bendición y los cristianos que están haciendo las cosas bien? ¿Dónde está la gente que está creyendo, que está progresando, que está prosperando? Si alguien prospera, se le condena y se le juzga, cuando lo que debes hacer es todo lo contrario. Si alguien prospera, debes alegrarte y decir: Si ese prosperó, yo también lo voy a hacer.
Escoge creer en el Dios que le puede dar a uno tanto como le puede dar a otro, porque Dios no le tiene que quitar a nadie para darle a otro. Dios es el dueño del oro y de la plata. Él es el dueño de todas las cosas.
QUE HAY DESPUÉS DE LA MUERTE
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Con Cristo Jesús tu puedes ver la transformación de tu vida
2 Corintios 5:17-20, dice: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación: Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
Cuando recibes al Señor como tu Salvador personal, eres una nueva criatura en el mundo espiritual, y el Espíritu Santo mora dentro de ti. Tu espíritu interior gime por algo más, por alcanzar el máximo potencial para lo cual Dios te creó.
Adán respondió: Oí tu voz en el huerto y tuve miedo, porque estaba desnudo; por eso me escondí. Entonces Dios le preguntó: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del cual yo te mandé que no comieras? En otras palabras, ¿quién te habló que, con sus palabras, provocó que tu ubicación en relación a mí, cambiara?
Lo Nuevo de Dios es la posición que te ha dado, que te ha reconciliado con Cristo Jesús. Cuando estás ubicado en el lugar correcto espiritualmente, entonces puedes ver la transformación de tu vida.
Esa es la nueva vida en Cristo. Dios quiere darte una nueva posición en el espíritu para que el resto de tu vida se ponga en orden con esa nueva ubicación.
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