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Este manto que cayó desde los aires cuando Elías ascendía



Eliseo fue un hombre escogido por Dios para sustituir al profeta Elias. Sus primeras experiencias fueron claves para el resto de su ministerio. 

Texto bíblico: 2 Reyes 2.13–18

Desde que Eliseo sacrificó sus bueyes y quemó su arado, habían pasado unos diez años. Durante este tiempo muy poco se dice acerca de él excepto que «servía» como asistente de Elías y esto lo hizo con lealtad hasta el último instante. Ahora se presentaba la perspectiva de mostrar que «el que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel» (Lc. 16.10). Aun antes de su llamamiento había dado pruebas de fidelidad en su silencioso trabajo como labrador y productor de alimentos para el sustento del hombre, tarea que en todo tiempo y lugar ha sido respetada y honorable. Ya en aquel entonces, aparte de cultivar la tierra, Eliseo estaba cultivando un espíritu de servicio al prójimo que sería luego profundizado durante el período en que actuó como siervo asistente de Elías.

El manto de Elías

Después de haber rasgado sus vestidos y expresado su profundo luto por la separación, Eliseo «alzó el manto que se le había caído a Elías» (v.13). Es de suponer que el manto se le había caído cuando estaba siendo elevado hacia el cielo en el torbellino. Podemos imaginar que Eliseo, al observar fijamente cómo Elías ascendía y se iba alejando, repentinamente ve que algo se desprende de aquel fogoso cortejo angelical, comienza a descender y cae finalmente sobre la tierra. Es evidente que el cronista sagrado comprendió la importancia trascendental de este evento, pues en dos oportunidades registró la frase «el manto que se le había caído a Elías». Dos verdades se desprenden de este hecho. La primera es que, en su nueva condición celestial, Elías ya no requeriría el uso de este manto ni para adorno ni para abrigo, y menos aún para cubrir su rostro (1 Re 19.13). Ya podía mirar al Señor «cara a cara» (1 Co 13.12) porque ya estaba revestido de la «habitación celestial» (2 Co 5.2). Además, no existen evidencias en las Escrituras de que en el cielo se ejercite el ministerio profético pues «las profecías se acabarán» (1 Co 13.8), aunque sí se habla del tiempo «de dar el galardón a... los profetas» (Ap 11.18).

La segunda es que la caída del manto de Elías, y su alzamiento por parte de Eliseo, vienen a ser la cristalización de las promesas de Elías al pedido de su siervo. Además, el manto representa el ministerio profético que ahora lo acredita como legítimo sucesor. Vino a ser señal visible de que la doble porción del espíritu solicitada estaba ya operando en él. Es el mismo manto que Elías había arrojado sobre él cuando estaba arando con sus bueyes en Abel-mehola. En aquella oportunidad, Eliseo comprendió de inmediato el significado del acto realizado por Elías, interpretándolo como un claro llamamiento para alistarse al servicio de la causa de Jehová.

Ahora, en circunstancias aún más espectaculares y conmovedoras, el mismo manto vuelve a caer. Esta vez cae no por un acto intencional de Elías, sino como el envío de Aquel que controla en forma minuciosa todos los detalles grandes y pequeños en la vida de sus siervos. Las palabras «se le había caído» parecen sugerir un acto casual, pero bien sabemos que para Dios no hay casualidades y menos en circunstancias tan cruciales como las que estamos analizando. Una vez más, Eliseo comprendió el significado de la caída del manto, e inclinándose, lo «alzó» (v.13) y lo tomó para sí en un acto de apropiación del oficio que representaba, y del poder recibido para cumplirlo.

Al mirar un poco hacia atrás, también encontramos que este manto había estado con Elías en la misma presencia de Jehová. En 1 Reyes capítulo 19 tenemos el relato del encuentro de Elías con el Señor, en «Horeb, el monte de Dios». Allí «Jehová le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová». El pasaje relata que en «ese momento pasaba Jehová y un viento grande y poderoso rompía los montes y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Tras el viento hubo un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Tras el terremoto hubo un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego se escuchó un silbo apacible y delicado. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto» (1 Re 19.11–13). El viento, el terremoto y el fuego fueron manifestaciones del poder de Jehová. que deben haber hecho temblar al profeta. Sin embargo, fue en el silbo apacible y delicado donde detectó la presencia de Jehová que le obligó a cubrir su rostro con el manto. Esta es la primera ocasión en que se menciona el manto de Elías, pero ¡qué ocasión! ¡Nada menos que en la presencia del Señor! De allí en más lo llevaría consigo todo el tiempo. Sería un constante memorial que le ayudaría a recordar que había estado en la misma presencia de Jehová. Es el mismo manto de la presencia de Jehová que divide las aguas del Jordán, y que luego echa sobre Eliseo. Este manto que cayó desde los aires cuando Elías ascendía, es el que ahora también le habla a Eliseo acerca de la presencia de Jehová que lo ha de acompañar en su servicio. El hombre de Dios da primordial atención en su vida a la presencia del Señor y cultiva el hábito de estar en ella y disfrutarla.

El cruce del Jordán

«Regresó y se paró a la orilla del Jordán» (v.13b). De esta manera el «hombre de Dios» se somete a la primer prueba de su fe en el ministerio. En este caso su fe no es probada por fuego, sino por agua. A sus pies corren presurosas las aguas del río. En la margen opuesta yace la tierra donde debe ejercer su ministerio. El río se interpone entre él y su empresa. A poca distancia, cincuenta miembros de la comunidad de los profetas de Jericó miran atentamente el giro de los acontecimientos. ¿Se repetirá por tercera vez el milagro? ¿Volverían las aguas a «amontonarse» (Jos 3.16) o a apartarse «a uno y a otro lado» (2 Re 2.8)? Eliseo formula la pregunta: «¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?» (v.14). No debemos interpretar esta pregunta como la expresión de duda por parte de Eliseo, sino como una especie de desafío, quizá para testimonio a los «hijos de los profetas» que lo observaban desde la ribera opuesta. Si hubiera tenido dudas aguardaría una respuesta. Sin embargo, tan pronto formula la pregunta actúa con determinación porque tenía en su mano precisamente el manto que hablaba de la presencia de Jehová. La lógica respuesta que el mismo Eliseo daría a su pregunta: «¿Dónde está Jehová?» es: «¡Aquí, junto a mí!». «Apenas hubo golpeado las aguas del mismo modo que Elías, estas se apartaron a uno y a otro lado, y Eliseo pasó» (v.14). Procedió «con fe, no dudando nada» (Stg. 1.6) y Dios honró la fe al inaugurar su ministerio con un milagro semejante al que obró con Josué, cuando el pueblo de Dios entró en la tierra de la promesa. Además, era idéntico al que pocas horas antes se había realizado como corolario de la carrera de Elías en la nación de Israel. Eliseo comienza donde Elías concluyó. Su primer milagro es igual al último de Elías de modo que hay continuidad y no se produce ningún vacío o ausencia de autoridad profética. El plan divino había sido: «a Eliseo ungirás para que sea profeta en tu lugar» (1 Re 19.16), y así se cumplió.
Dios honra a quienes le honran y por medio de esta acción de fe, «el hombre de Dios» recibe por respuesta la acción divina que le confiere una posición de autoridad, y la seguridad de que su presencia está con él. Entonces «los hijos de los profetas que estaban al otro lado en Jericó dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo» (v.15). Al ver con sus propios ojos este milagro, reconocieron que Eliseo era ahora el instrumento escogido por Dios para ser profeta en lugar de Elías (comp. 1 Re 19.16). Por eso, fueron enseguida a recibirlo, y «se postraron delante de él» (2 Re 2.15b, RV-95) en actitud de reconocimiento. Ellos pertenecían a una escuela, su vida estaba dedicada a los estudios, mientras que Eliseo solo era un labrador. Sin embargo, cuando perciben que el espíritu de Dios está con él, y que este es el hombre a quien Dios quiso honrar, con buena disposición, se someten a él (Comp. Jos 1.17). Aquellos que demuestran tener el espíritu de Dios y en quienes la presencia de Dios se manifiesta, deben recibir nuestra estima y nuestros mejores afectos, no importa cuán humilde haya sido su fondo cultural o su entorno social. Todo esto, sin duda, fue un buen estímulo para Eliseo, y le sirvió como nueva confirmación de su vocación.

La búsqueda infructuosa

La comunidad de profetas de Jericó reconoció la investidura de Eliseo, y al ver el manto de Elías en su mano, supieron que algo le había ocurrido a Elías. Sin embargo, les resultaba difícil tener que aceptar el hecho de no verlo más. Después de tantos años de seguir su liderazgo, la personalidad de Elías estaría arraigada de tal modo en sus corazones que no les permitía reconciliarse con el hecho de que su partida era algo definitivo.

Lo primero que le dijeron a Eliseo, su nuevo líder, estaba relacionado, sin duda por razones melancólicas, con la persona de Elías. «Aquí hay entre tus siervos cincuenta hombres fuertes. Deja que vayan y busquen a tu señor ahora; quizá lo ha levantado el Espíritu de Jehová y lo ha arrojado en algún monte o en algún valle» (v.16).

En estas palabras detectamos tres indicios que señalan falta de discernimiento espiritual por parte de los jóvenes profetas. En primer lugar, ellos mismos habían testificado que Jehová habría de quitar a Elías ese día (v.15) y sin embargo, ahora procuraban volver a encontrarlo. En segundo lugar, confiaban en la capacidad de sus mejores hombres, cincuenta varones «fuertes» para organizar la búsqueda y poder encontrarlo. Finalmente, demostraron tener un concepto muy mezquino con respecto al Espíritu de Dios. Esta no es por cierto la forma en que el Espíritu del Señor, «el Consolador», procede con los siervos de Dios. No los levanta a cierta altura para luego arrojarlos en algún cerro o valle en forma despectiva.

Eliseo les respondió en forma breve: «No enviéis». Bien sabía él que solo sería una pérdida de tiempo y un esfuerzo innecesario y desperdiciado. ¡Buscar a Elías por los montes y valles sería como buscar a Jesús en las tumbas de un cementerio! Sin embargo, ellos insistieron hasta el cansancio.

La propuesta de los profetas podría además insinuar que algunos de ellos se resistían a aceptar el nuevo liderazgo y pensaran para sí: «Asegurémonos primero que Elías realmente ha desaparecido. Reunamos todas las evidencias posibles». Ante tal presión y quizá para evitar que pensaran que él tenía falta de interés y respeto para con su ex-maestro, o que tenía temor de perder su derecho al manto si ellos lo encontraran, finalmente accedió, y dijo: «¡Que vayan!» (NBE).

La búsqueda se extendió por tres días pero fue infructuosa: «No lo hallaron» (2 Re 2.17). Existe un atractivo paralelo entre este pasaje y los relatos tocantes a Enoc en Génesis 5.21–17 y Hebreos 11.5. Allí nos dice que Enoc «no fue hallado, porque lo traspasó Dios». Recorrieron montes y valles pero todo fue en vano. Cincuenta hombres perdieron tres días cada uno, o sea un total de ciento cincuenta días. ¡Cuántas veces perdemos tiempo inútilmente por falta de discernimiento espiritual, o por no querer aceptar las circunstancias que Dios nos ha impuesto! Recorrer montes y valles jamás nos llevará al encuentro de Elías, pero sí lo podremos lograr si imitamos su celo y su fe.

Al regresar a Jericó con las evidencias de cansancio y fracaso en sus rostros, Eliseo les preguntó: «¿No os dije yo que no fuerais?» (v.18). Esta circunstancia sirvió para reforzar aún más la autoridad de Eliseo para con la comunidad de los profetas. A nosotros, este incidente nos presenta dos valiosas lecciones. La primera es que una característica saliente del hombre de Dios es que tiene discernimiento espiritual. La segunda es que sus palabras están siempre respaldadas por la autoridad de Dios evidenciada en los hechos.

Hasta aquí la reseña de la historia que hemos realizado, donde hemos acompañado a Elías Tisbita y a Eliseo hijo de Safat, su ayudante, en las distintas experiencias que compartieron. Esto nos ha permitido obtener una apreciación de la base y el trasfondo en los cuales, por muchos años, el Señor estuvo forjando el carácter de Eliseo para cumplir un brillante ministerio, para la gloria de Dios y la bendición de su pueblo Israel.

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Dios recompensó La gran fe de caleb


La fe que Dios recompensa

Aconteció cuando pueblo de Dios  llegaron al Jordán por segunda vez, es decir, exploramos una pequeña porción de la vida de Josué quien fue uno de los dos hombres que recibió la promesa de Dios. La Vemos como la fe y la completa confianza en la Palabra de Dios de Josué fue lo que le fortaleció para que él pudiera continuar en su camino a la Tierra Prometida.  Pero ahora debemos preguntarnos, ¿qué sucedió con Caleb?
Es muy importante hacernos esta pregunta, porque Caleb fue el segundo hombre que también alcanzo entrar en la promesa de Dios, es decir, la Tierra Prometida.  Josué recibió de inmediato la promesa de Dios; en otras palabras, él fue el sucesor de Moisés, y fue quien guío al pueblo a la Tierra Prometida y a las victorias que podemos fácilmente encontrar en los acontecimientos históricos en la Biblia. Pero ahora debemos preguntarnos, ¿había recibido Caleb también una promesa de Dios? Y quizás más importante aún, ¿recibió Caleb lo que Dios le había prometido?  La respuesta a ambas preguntas es ¡SI! Dios recompenso la fe de Caleb, pero no fue de la misma manera que lo hizo con Josué. Es por esta razón que hoy Quiero hablarle de la fe de Caleb; en otras palabras, la fe que Dios recompensa. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.
Josué 14:6-14 - Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. 7Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. 8Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. 9Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios. 10Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. 11Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.12Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. 13Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad. 14Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel.
Para lograr un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy debemos hacer un breve repaso de historia. En este punto de la historia Josué había guiado al pueblo de Dios a varias victorias. La primera victoria es quizás la más reconocida por el pueblo de Dios de hoy; estamos hablando de la victoria que ellos obtuvieron en Jericó. Esta victoria queda bien resumida en Josué 6:20 cuando leemos: “…Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron…” La segunda victoria fue cuando el pueblo conquisto la tierra de Hai, y es algo que queda bien resumido en Josué 8:24 cuando leemos: “…Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada….” Pero no se termino con esto. Josué tuvo que continuar luchando, y derroto un total de 31 reyes; esto es algo que pueden encontrar en su biblia en Josué 12:7-24; pero debido a que el tiempo que compartimos es limitado, no se los leeré.
Pero aun después de todo esto todavía quedaba tierra por conquistar. Esto es algo que queda bien resumido en Josué 13:1 cuando leemos: “…Siendo Josué ya viejo, entrado en años, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer….”  Y es aquí donde comienza nuestra lección de hoy. ¿Por qué he querido que notemos estos detalles?
La razón por la que he querido que estemos consientes de estos detalles es porque en ellos encontramos que Dios nos entrega la victoria sobre toda situación; pero, estos detalles también sirven para enseñarnos que nuestra batalla nunca se acaba.
Nuestra batalla en contra de los poderes de las tinieblas es constante, y en ocasiones bien difícil. Digo esto porque después de todo, la conquista de Jericó no fue nada fácil, las paredes de Jericó cayeron, pero ellos tuvieron que pelear. Conquistar Hai no fue nada fácil, después de todo, ellos tuvieron que pelear en contra del ejército en el desierto, y luego derrotar la ciudad.  Así que podemos decir confiadamente que pelear y derrotar treinta y un reyes no fue nada fácil. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio.
Lo primero que encontramos en los versículos que estamos estudiando en el día de hoy es: “…Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. 7Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. 8Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. 9Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios…” ¿Qué nos revelan estos versículos? Lo que estos versículos nos revelan es la confesión y convicción de la fe de Caleb. Desdichadamente esto es algo que muchos en el pueblo de Dios de hoy carecen. Con esto no estoy diciendo que el pueblo de Dios de hoy NO confiesa su fe, es decir, NO estoy diciendo que NO confesamos que Jesucristo es nuestro Rey y Salvador. Todos aquí decimos esto sin titubear, pero la realidad es que decir o confesar que Jesucristo es nuestro Rey y Salvador no es suficiente. El primer paso es confesar nuestra fe, pero la confesión no es suficiente si no existe la convicción. ¿Qué les quiero decir con esto?
Para contestar esa pregunta debemos analizar lo que Caleb le estaba pidiendo a Josué. ¿Qué le pidió Caleb a Josué? En los versículos que estamos estudiando en el de de hoy leemos: “…Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho…” Para que podamos tener un mejor entendimiento del significado de esta petición debemos detenernos aquí por un breve momento, y examinar la definición de dos palabras: “anaceos” y “quizá”. La palabra “anaceos” es una traducción de la palabra hebrea “Anaqiy” (pronunciada: anaquí), y su definición es: “tribu de gigantes, descendientes de Anac que habitaban en el sur de Canaán.[1]” La palabra “quizá” es una traducción de la palabra hebrea “'uwlay” (pronunciada: “ulai”), y parte de su definición es: “supuesto”[1].  Así que cuando empleamos estas dos definiciones podemos decir confiadamente que lo que Caleb le dijo a Josué fue que le entregara la montaña que Dios le había prometido, a pesar de lo difícil que su conquista pudiera aparentar, supuesto que Dios estaba con él. Esta es la fe que Dios recompensa; Dios recompensa una fe inmovible. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios recompensa una fe inmovible. Preguntémonos ahora: ¿tenemos nosotros este tipo de fe?
Caleb se enfrentaría en contra de una región habitada por gigantes con ciudades fortificadas; es decir, a un ejército de hombres mucho más fuertes que ellos. Ahora debemos nosotros preguntarnos: ¿estamos nosotros dispuestos a hacer lo mismo? Claro está en que no les estoy hablando de alzarnos en armas en contra de ningún pueblo o nación, pero si existe un gran territorio que nosotros tenemos que conquistar, y si existen numerosos gigantes que tenemos que batallar y derrotar. ¿Qué territorio tenemos nosotros que conquistar? Nosotros tenemos que conquistar al mundo; tenemos que conquistar esas personas que aun no conocen a nuestro Rey y Salvador; tenemos que conquistar a todas esas personas que se han apartado de Dios debido a las falsas doctrinas y corrupción de la iglesia; tenemos que conquistar a todas esas personas que han permitido que el diablo le susurre al oído y les convenza de que pueden continuar en una vida de pecado, y que Dios siempre les recibirá; esto es religión. Y quizás más importante aún, tenemos que conquistar nuestras propias deficiencias. Pero déjenme decirles que estos territorios no serán fáciles de conquistar; no serán fáciles de conquistar porque en ellos habitan gigantes que parecen insuperables.
En estos territorios habitan gigantes que trataran de detenernos, y lucharan en contra nuestra y si no poseemos una fe inmovible, pronto nos encontraremos retrocediendo y no avanzando hacia las promesas de Dios. ¿Qué gigantes tenemos nosotros que derrotar? Ahora bien, la realidad es que nosotros no tenemos un ejército físico de gigantes al que tenemos que enfrentarnos, pero si existe un ejército de principados y potestades malignas que a diario tratan de desviarnos de la voluntad de Dios. Esto es algo que queda bien claro en Efesios 6:12 cuando leemos: “…Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Así que cuando me refiero a los gigantes que tenemos que derrotar, les estoy hablando acerca de los poderes de las tinieblas que luchan sin descansar para tratar de detenernos.  ¿Cómo opera éste ejército? El ejército del maligno opera influenciando a aquellos que nos rodean, y en ocasiones a nosotros mismos, con el propósito de afectar nuestra fe. ¿Qué gigantes tenemos nosotros que batallar y derrotar?
Tenemos que derrotar el gigante de apatía. Este es el gigante que susurra a tu oído, no vayas hoy a la iglesia, estas cansado, duerme la mañana. Este es el gigante que trata de desalentarte para que no perseveres en la oración, y te susurra al oído, no pierdas tu tiempo, Dios no te escucha.
Tenemos que derrotar el gigante de temor. Este es el gigante que trata de detenerte para que no continúes marchando hacia adelante cumpliendo con la misión que Dios te ha entregado. Este es el gigante que te susurra al oído, tú no sabes, tú no puedes, ellos no quieren oír de Dios.

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La Profecía Bíblica Más Sorprendente de Daniel

La Profecía Bíblica Más Sorprendente

   En este  momento vamos a comenzar con Daniel 8:14:

“Y él dijo: hasta dos mil trecientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”.

            ¿De qué está hablando este versículo? ¿Qué evento del futuro está señalando Daniel 8:14? El relato bíblico muestra que Daniel quedó un poco confuso cuando él pensó acerca de este período de los 2.300 días. Los versículos 15 y 16 dicen:

“Y aconteció que mientras yo Daniel consideraba la visión y procuraba comprenderla, he aquí se puso delante de mí uno con apariencia de hombre. Y oí una voz de hombre entre las riberas del Ulai, que gritó y dijo: Gabriel, enseña a este la visión”.

            De acuerdo a Daniel 8:17, ¿a qué período de tiempo se aplica la visión de los 2.300 días? La respuesta es, al tiempo del fin. Usted recordará que uno de los principios importantes de las profecías es la secuencia. Por lo tanto, la secuencia de las profecías del libro de Daniel, nos llevan desde los días en que vivió el profeta, considerando las épocas de los tiempos más importantes, hasta la segunda venida de Cristo. En Daniel 2, la visión de la imagen de Nabucodonosor, muestra los sucesos que habrían de acontecer desde los días de Daniel hasta la primera venida de Cristo. La visión de las cuatro bestias de Daniel 7, en la cual el león representa a Babilonia, el oso representa Medo-Persia, el leopardo a Grecia y la bestia con semejanza de dragón a Roma, aparecen además diez cuernos que representan la división del Imperio Romano y un cuerno pequeño que simboliza la apostasía, representada por medio de un poder religioso que se levantaría en los postreros días. Otra vez encontramos que este poder nacería en un tiempo oportuno y se prolongaría hasta los últimos días.

            El capítulo 8 de Daniel y la profecía de los 2.300 días, siguen este mismo patrón. La primera parte de la profecía de los 2.300 días al igual que la imagen de Daniel 2, y las bestias de Daniel 7, comienzan en los días de Daniel. Pero de acuerdo a la profecía, estos sucesos que tendrían sus comienzos en los días de Daniel y que se extenderían hasta nuestros tiempos, serían eventos significativos que dejarían huellas a través de la historia. Esta noche vamos a estudiar los eventos más sobresalientes de la profecía de los 2.300 días, que tienen sus comienzos en los días de Daniel y que se han desarrollado a través de la historia hasta llegar a nuestros tiempos y que aun se proyectan más allá de nuestros días.


¿Qué Significa Tiempo?

            En el versículo 17 dice:

“Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin”.

            Luego en el versículo 19 dice:

“Y él dijo: He aquí yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin”.

            Ahora se levanta la siguiente pregunta: ¿Cuánto es 2.300 días literales? La respuesta es, alrededor de siete años. Pero, ¿puede este período de siete años abarcar desde los días de Daniel hasta el tiempo del fin? El relato bíblico dice que Daniel vivió en los días de los imperios de Babilonia y Medo-Persia. Por lo tanto, siete años, desde los días de Daniel, no pueden llegar hasta el tiempo del fin.

            De acuerdo a la profecía bíblica,según lo estudiamos en la clase anterior, un día profético equivales a un año literal, esto es exactamente como en un mapa, un metro equivale a cierto número de kilómetros. Por consiguiente, los 2.300 días proféticos equivaldrían a 2.300 años. ¿Podemos estar seguros que este principio de día por año, se aplica al capítulo 8 de Daniel? ¿Cómo podemos estar absolutamente seguros que estas 2.300 tardes y mañanas no son 2.300 días literales, sino días proféticos, es decir 2.300 años literales?
            ¿Cómo podemos saber que esta interpretación procede de Dios? Hay tres principios que muestran, sin temor a duda, que ésta es de origen divino.

1.- Los 2.300 días proféticos se extienden hasta el tiempo del fin, y los 2.300 días literales que comienzan en los días de Daniel, no llegan hasta el tiempo del fin.
2.- El principio de día por año es de origen bíblico. Ver Números 14:34 y Ezequiel 4:6.
3.- Cada evento predicho dentro del período de los 2.300 años (siguiendo la aplicación de día por año) ocurre exactamente en el tiempo fijado.

            ¿Sabía usted que una de las partes de este período profético predijo con exactitud 400 años antes el bautismo de Jesús y el año exacto, incluyendo mes y día de la crucifixión de Jesús? Además de estos eventos grandiosos que vindican la fidelidad y la veracidad de la palabra de Dios, se predijo también con exactitud, 400 años antes, el año en que el evangelio dejaría de ser solamente para un pueblo escogido y se llevaría a los gentiles y también el año en que ese pueblo judío sellaría su destino como pueblo escogido de Dios.

            La razón por la cual sabemos que los 2.300 días deben ser 2.300 años, es porque los eventos que Dios predijo se irían cumpliendo dentro de este período de acuerdo a la interpretación de los 2.300 años. ¿Has escuchado el antiguo adagio que dice, “si te ajusta el zapato, póntelo?”

            Aplicando el sentido de este adagio, se podrá ver que el principio de día por año se ajusta a la profecía, pues todos los eventos se cumplen con marcada exactitud en el tiempo profetizado.

Daniel se Esfuerza por Entender.-

            Ahora llegamos a uno de los momentos más emocionantes, el momento del estudio de la profecía que nos llevará hasta el tiempo del fin. Talvez alguien pueda pensar que esto debe ser algo complicado. Veamos primeramente lo que le pasó a Daniel, versículo 26:

“La visión de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para muchos días”.

            Recordemos que en Daniel 12 fue dicho “cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin”. La visión de los 2.300 días no se cumpliría en los días de Daniel, sino en el tiempo del fin. Versículo 17 dice:

“Y yo Daniel quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días, y cuando convalecí, atendí los negocios del rey; pero estaba espantado a causa de la visión, y no la entendía”.

            Al terminar el capítulo 8 de Daniel, ¿entiende el profeta la visión? ¿A qué fue comisionado el ángel Gabriel de acuerdo al versículo 16? Al ángel se le dijo: “enseña a éste la visión”. Pero a la mitad de la explicación Daniel fue abatido y cayó sobre su rostro. Si Gabriel fue comisionado para hacer entender a Daniel la visión; y si Daniel fue abatido antes que el ángel terminara de explicar la visión, ¿qué espera usted que sea el tema del capítulo 9? De todos los capítulos del libro de Daniel, el 9 es el más complejo. Pero es también el más hermoso y más maravilloso. Los judíos tenían el siguiente dicho: “Maldito es el dedo de la mano del brazo del hombre que estudia el libro de Daniel”. ¿Por qué dijeron esto? Porque Daniel 9 presenta pruebas irrefutables que muestran que Jesús es el Mesías divino.

            Lo que se va a estudiar esta noche es algo específico. No es una sorpresa. La física, los cálculos y los idiomas extranjeros son ciencias específicas aunque algunas veces son complejas. Usted ha empezado a entender algunos de los principios básicos de la profecía y juntamente con esto, un amanecer de luz radiante ha empezado a penetrar en su mente con las más hermosas y gloriosas verdades bíblicas presentadas a través de Daniel 9. Por lo tanto, os invito esta noche a disponer de un momento más de concentración. Lo vamos a necesitar. No tenga temor en invertir ese tiempo, pues los premios y los dividendos son de incalculable valor eterno. Estoy seguro que usted se sorprenderá y quedará apasionado a medida que se desarrolla el estudio de esta noche. Y a medida que contempla el despliegue de este estudio, usted quedará pasmado y su mente será capturada no solo por la belleza de los diagramas numéricos, sino al ver eventos de la vida de Cristo cumplidos que fueron predichos muchos años antes de su nacimiento en esta tierra. Le aseguro que todo esto lo moverá y conmoverá su ser. Al concluir nuestro estudio de esta noche usted entenderá claramente que lo que estamos estudiando se relaciona tanto al juicio como al tiempo del fin.

            Daniel 9, comienza con una ferviente oración de parte del profeta. Daniel 9:2-4 dice:

“En el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios he hice confesión diciendo: Ahorra, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos”.

            Esta oración registrada en los versículos 2-20, es una de las más hermosas de la Biblia. Contiene los cuatro elementos básicos de una vida de oración exitosa. La oración no es una bebida medicinal que si se aplica en el tiempo correcto, produce resultados; la oración es una ciencia divina. La respuesta a una oración depende de principios básicos. En los versículos que acaban de mencionarse Daniel con sincera humildad expresa tristeza por su pecado y por los pecados de su pueblo. Con todo fervor confieza su pecado y el pecado de su pueblo, reconoce su pecaminosidad, su rebelión y su desobediencia. Pero también reconoce que Dios es el único digno y justo que puede extender su misericordia y su perdón hacia su pueblo. Algo que debe ser considerado antes de seguir más adelante, es que la confianza de Daniel en Dios está basada en el hecho de que El es un Dios justo, misericordioso, perdonador y digno de confianza.

            El reconoce las bondades infinitas de ese Dios supremo, por lo tanto, con ferviente fe suplica le responda. Escuchemos su ferviente apelación de fe registrada en el versículo 19:

“Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mio; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo”.

            Daniel es llevado cautivo en el año 606 a.C. Como resultado de la desobediencia del pueblo de Israel, Jeremías había predicho que la nación sería llevada cautiva. Al estudiar el libro de Daniel encontramos que Dios en su amor tiene un límite para todas las cosas. En este estudio encontramos que Israel por su desobediencia hacia Dios fue puesto en cautividad por Babilonia y luego por Medo-Persia por un periodo de setenta años.
Al aproximarse el fin de las setenta semanas las décadas se sucedían una a la otra. Ahora al iniciarse el capítulo 9 del libro de Daniel es justamente cuando están por cumplirse los setenta años de cautividad. Dios en visión le dice a Daniel, “el período de la profecía de Jeremías está por llegar a su fin. Los setenta años de cautividad están por terminarse. Pero después que Israel salga de esta cautividad (recordemos como Babilonia conquistó a Jerusalén, quemó la ciudad y llevó cautivo al pueblo) voy a darle otra oportunidad para que pueda mostrar su fe y su obediencia y pueda servirme otra vez. Si después de esta oportunidad ellos no son fieles, leales y obedientes yo los desampararé y no serán más mi pueblo escogido”.

            La razón para la cautividad de Judá está claramente establecida en la oración de Daniel. Ver Daniel 9:5-6:

“Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impiamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra”.

            El pueblo de Judá se rebeló contra Dios, por esta razón fue llevado cautivo. La raiz causante de todo pecado es la rebelión interior contra Dios que finalmente conduce a la persona a la desobediencia. 1 Juan 3:4 dice: “El pecado es trasngresión de la ley”. El blanco principal de Dios es conducir a su pueblo de la desobediencia hacia la obediencia, de quebrantar la ley a guardar la ley; de una vida desordenada a una vida de lealtad a Dios.

La Paciencia de Dios.-

            Una de las grandes lecciones que aprendemos al estudiar la vida y la historia del pueblo de Israel es ver como Dios prolonga su paciencia y su amor. Algunas veces cuando estamos desanimados decimos, bueno, por un período de tiempo hice lo que sabía que era correcto, pero después volví a vivir esa vida desordenada. Pero al ver como Dios soportó al pueblo de Israel, nuestro punto de vista es cambiado. Israel sirvió a Dios, pero pronto llegó el tiempo cuando se rebelaron contra El. Pero aun en esa situación Dios fue paciente y benigno con ellos. Vez tras vez ellos se alejaron y se rebelaron, mas El con paciencia y amor los volvía a traer hacia Sí mismo. ¿No es esto una gran noticia para nosotros?

            Después de haber estado en contacto con la gente por mucho tiempo, he aprendido que muchos mantienen una sonrisa en su exterior, pero en su interior hay un corazón quebrantado. La carga que llevan es pesada, la culpabilidad que hay en su ser no les permite conciliarse con la paz. Si hay alguno que está experimentando esta experiencia esta noche, yo le tengo buenas nuevas. El Dios que vamos a estudiar es un Dios que perdona. Es un Dios que cuando nosotros pecamos contra El, pero volvemos hacia El con el corazón contrito y humillado, buscando el perdón, El nos perdona y nos acepta otra vez como si nunca hubiéramos pecado, no importa que culpabilidad exista en nuestro ser o que clase de carga estemos llevando. Dios removerá nuestra carga y perdonará nuestro pecado. Dios restaurará en nuestro ser ese sentimiento que nos haga sentir que somos dignos de ser llamados sus hijos. Dios se agrada en libertar al hombre de su pecado, en sacarlo del horror a la belleza y llevarlo al gozo de servirle otra vez.

            Israel estaba ya para salir del período de cautividad. Ahora se encuentra frente a una nueva oportunidad. Daniel comienza su oración de esta manera, ¿qué significa esta profecía de los 2.300 días? Mientras Daniel estaba orando, el ángel Gabriel, quien había empezado a explicar la visión en el principio, viene como una respuesta a la oración de Daniel. Veamos lo que dice Daniel 9:21-22:

“Aun estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento”.

            ¿Tiene usted alguna idea del lapso de tiempo que ocurre desde el momento en que Daniel se desmaya, en el capítulo 8, y la llegada del ángel en el capítulo 9? Esto lo podemos saber. En Daniel 8:1 dice que él recibió la visión en el año tercero del reinado del rey Belsasar, y en Daniel 9:1-3 muestra que fue en el año primero del rey Darío, cuando Daniel recibe la respuesta a su oración. ¿Cuánto tiempo hay entre el año tercero del reinado de Belsasar y el primer año del reinado del rey Darío? Aunque los registros antiguos no dan un tiempo exacto, sabemos que fue por lo menos un período de ocho años o entre ocho y doce años. Esto nos lleva a la conclusión, que Daniel estuvo orando por un período de ocho años para poder tener la interpretación de la visión. Es decir, estuvo orando ocho años para recibir contestación a su oración. Fue al final de este largo período de oración cuando Dios contestó su oración y el ángel Gabriel vino a Daniel como una respuesta a su oración.

            Me gustaría saber si hay alguien aquí que ha estado orando por mucho tiempo y finalmente concluye que Dios no contesta su oración. Y se pregunta, ¿qué es lo que hace Dios? ¿Será que está descansando todavía? Daniel oró por lo menos ocho años. ¿Por qué no contestó Dios su oración inmediatamente? El Señor no contestó su oración al instante porque tenía una obra que realizar en las vidas del pueblo de Daniel antes que ellos estuvieran listos para salir de la cautividad. Si usted no recibe una respuesta inmediata a su oración, no se desanime, no desista de su propósito. Daniel oró por muchos años. Persistió en la oración, y al tiempo debido y en la forma más adecuada Dios contestó su oración. Veamos la forma en que lo describe Daniel 9:23:

“Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión”.

            El ángel Gabriel dice: “Daniel, Dios te ama demasiado; te valoriza en alta estima especialmente por tu persistencia en la oración aun cuando no recibías respuesta. Por esta cualidad que hay en ti, tú eres considerado en alta estima”. Cuando usted empieza a orar, y pide fuerza o victoria, Dios va a impresionar en su mente que usted es altamente estimado ante su presencia. Va a hacerle sentir que usted no ha sido privado del cielo. Que usted no ha sido despreciado. Que usted es altamente estimado. Dios le va a fortalecer mientras usted pelea la batalla contra el pecado, exactamente como El fortaleció a Daniel cuando estaba debilitado.

            De paso, ¿recuerda usted el texto del Nuevo Testamento que muestra cuando Pedro vino a Jesús y le dice: “Hasta cuántas veces debe una persona perdonar si su hermano peca contra él? ¿Hasta siete veces?”. Pedro pensó que siete, por ser un número perfecto, ya era suficiente. Pero, ¿qué le dijo Jesús?  Jesús le dijo: “No te digo siete, sino hasta setenta veces siete”. ¿Cuánto es setenta veces siete? 490. ¿Qué le quería decir Jesús a Pedro? Quería decirle lo siguiente: Pedro, por 490 años he sobrellevado las cargas del pueblo de Israel. Cuando tú logres sobrellevar las cargas de tu hermano por 490 años, entonces se empezará a consumir tu misericordia. Pero, ¿cuál es la realidad que Cristo quiere enseñarle a Pedro? Lo que El quiere darle a entender, es que, es imposible que un ser humano en toda su vida, pueda agotar el inmenso amor de Dios. En otras palabras, Pedro, lo que tú necesitas es esa buena voluntad que te haga sentir ese deseo de perdonar, perdonar y seguir perdonando. Jesús estaba tratando de que Pedro entendiera cómo El había sobrellevado las cargas del pueblo judío por 490 años, que El había estado con ellos todos los días de su cautividad. ¡Oh que maravilloso amor! Amor misericordioso y perdonador.

Punto de Partida.-

            A los judíos les fueron dados 490 años de cautividad, y estos corresponden a la primera parte de la profecía de los 2.300 años. ¿Cuándo comienza el período de los 2.300 años? ¿Cuándo comienza el período de los 490 años? El período de los 490 años es la porción más pequeña del período total de la profecía. Ver Daniel 9:25 y el diagrama que está a continuación.

2.300 años                    490 años

Cortadas o Determinadas Sobre el Pueblo Judío.-

“Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y setenta y dos semanas, se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos”.

            Esto dice, “Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar a Jerusalén”. Dios predijo que al fin de los setenta años de la profecía de Jeremías, el pueblo de Daniel sería libertado de su cautividad. Es pues, desde el tiempo que pasó el decreto para restaurar y edificar los muros de Jerusalén y de la liberación de su cautividad, cuando Dios extiende su misericordia 490 años más. Siendo que ambos períodos proféticos, el de los 2.300 años y el de los 490 años comienzan en el momento cuando se da el decreto para restaurar a Jerusalén, ¿hay alguna evidencia en la Escritura que diga cuándo fue dado este decreto? Este es uno de los puntos más cruciales de la profecía. Porque esta fecha es el ancla y fundamento de toda la profecía. Veamos lo que dice Esdras 7:11-15:

“Esta es la copia de la carta que dio el rey Artajerjes al sacerdote Esdras, escribe versado en los mandamientos de Jehová y en sus estatutos a Israel: Artajerjes rey de reyes, a Esdras sacerdote y escriba erudito en la ley del Dios del cielo: Paz. Por mí es dada orden que todo aquel en mi reino, del pueblo de Israel y de sus sacerdotes y levitas, que quiera ir contigo a Jerusalén, vaya. Porque de parte del rey y de sus siete consejeros eres enviado a visitar a Judea y a Jerusalén, conforme a la ley de tu Dios que está en tu mano; y a llevar la plata y el oro que el rey y sus consejeros voluntariamente ofrecen al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalén”.

            El Artajerjes de Esdras 7, dio el decreto. El dijo: “El tiempo que Israel ha estado en cautividad ya es suficiente”. Ciro había dado un decreto. Darío ordena que ese decreto sea cumplido. Pero muy pocos de los judíos salieron para cumplir el decreto. Pero cuando llegamos a los días del rey Artajerjes, él no sólo refuerza el decreto, sino que provee protección y medios para el regreso de los judíos. Cuando Darío y Ciro dieron su decreto, muchos de los judíos estaban tan cómodos en su esclavitud y en su cautividad que no quisieron volver a Jerusalén. Pero en los días de Artajerjes fue cuando Israel volvió a Jerusalén. No perdamos de vista este punto. Hoy, hay muchos que están bien cómodos en su cautividad. Ellos saben que son esclavos, esclavos del alcohol o del tabaco. Algunos son esclavos del apetito o de un temperamento incontrolable, pero ellos están cómodos en su cautiverio. La manera de ser libertados de esa esclavitud ya ha sido preparada, pero ellos siguen siendo esclavos de un mal temperamento o de una maldición. Ellos saben que son esclavos, pero se sienten muy cómodos en esa esclavitud. Dios quiere darles la libertad que sólo se encuentra en Cristo Jesús.

La Venida del Mesías.-

            Finalmente los judíos salieron. La fecha del decreto del rey Artajerjes es 457 a.C. Desde que se ha encontrado la fecha del decreto y que es también la fecha de partida de la profecía, toda la profecía de los 2.300 años se ajusta a ella, como las partes de un rompe-cabezas se ajustan al molde.
            Daniel 9:25 muestra que 500 años antes que Cristo naciera, ya se había predicho la fecha de su bautismo:

“Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar Jer (547 a.C.) hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y setenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos”.

            Mesías significa “Ungido”. De acuerdo a la profecía, desde 457 a.C. hasta el ungimiento del Mesías habría sesenta y dos semanas proféticas. La Escritura dice, que hasta el Mesías habría siete semanas y sesenta y dos semanas. Siete semanas y sesenta y dos semanas dan un total de sesenta y nueve semanas, estas multiplicadas por siete (69 x 7 = 483) dan un total de 483 días proféticos o años literales. De acuerdo a la Escritura, desde 457 a.C. hasta el fin de los 483 años literales, nos lleva al año 27 d.C.
            ¿En qué año fue ungido el Mesías? ¿Qué sucedió en el año 27 d.C.? Ver Lucas 3:1:

“En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia”.

            Aquí dice, “en el decimoquinto año del reinado de Tiberio César”. De acuerdo a los registros romanos, el decimoquinto año del reinado de Tiberio César, fue el año 27 d.C. ¡Qué sucedió en este año? Lucas hace una mención especial, ¿por qué? Ver Lucas 3:21-22:

“Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Santo Espírito sobre El en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”.

            En el año 27 d.C. justamente como la profecía lo había predicho 500 años antes, Cristo fue ungido con el Espíritu  Santo a la hora de su bautismo. Daniel 9 dice, “desde la salida del decreto para restaurar y edificar Jerusalén”, (es decir desde 457 a.C.) “hasta el Mesías Príncipe” habrán sesenta y nueve semanas proféticas o sea 483 años. Cuando figuramos esto en forma numérica, nos lleva al año 27 d.C., y Cristo fue bautizado exactamente en ese año, de acuerdo como la profecía lo había establecido. Cuando Jesús fue bautizado El reconoció que este acto era un cumplimiento de la profecía de Daniel. Ver Marcos 1:9-11, 15.

            Es posible que alguien se pregunte, ¿qué cambio puede hacer todo este aspecto matemático en mi vida? Cabe decir, que esto puede tener un tremendo impacto en su vida. Pero, veamos. Si Jesús vino como hombre o como un buen hombre o tal vez como un gran maestro de los aspectos morales, ¿qué diferencia hay entre Cristo y Buda o entre Cristo y Mahoma, o cualquier otro gran maestro? ¿No son acaso buenos hombres todos? Pero, si Cristo es el Mesías, si es el divino Hijo de Dios, y Daniel predijo su bautismo 500 años antes que esto sucediera, y podemos mostrar matemáticamente, históricamente y proféticamente que El vivió en carne aquí en la tierra y que todo lo profetizado se cumplió al pie de la letra, entonces hay una gran diferencia. Aun más, esto nos asegura que la oferta de la vida eterna no es un sueño o especulación, sino una realidad. Esto es algo substancial. Ver Marcos 1:9-11:

“Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre El. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado, en Ti tengo complacencia”.

            Ahora veamos el versículo 15:

“Diciendo: el tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio”.

            Jesús después de ser bautizado dijo: “el tiempo se ha cumplido”. ¿De qué tiempo está hablando El? Pablo dice en Gálatas 4:4, “mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo”. La profecía de los 483 años, se había cumplido, el tiempo de gracia que se había extendido para los judíos, estaba por terminarse. Ahora el Señor había dado un período de gracia al pueblo judío, les había enviado profeta tras profeta, ahora les envía al Hijo. Y como había sido predicho en la profecía, el Hijo es bautizado, ungido y Dios confirma desde los cielos que éste es su Hijo amado. Todo lo predicho por la profecía se ha cumplido y esto es emocionante, pero no es todo. La profecía contiene algo más emocionante. Volvamos a Daniel 9.

Muerte del Mesías.-

            De los 490 años, 483 han sido ya cumplidos. Si partimos del año 457 a.C., los 483 años llegarían al año 27 d.C. Para llegar al cumplimiento de los 490 años, nos quedan siete años. Este período de tiempo fue dado a los judíos para que mostraran su rebelión final directamente contra el Hijo de Dios. Ver Daniel 9:26:

“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí”.

            En algun tiempo después del año 27 d.C., sería quitada la vida al Mesías. El profeta Isaías dice: fue cortada no por sí misma, sino por las transgresiones de su pueblo. ¿Cuándo sería quitada la vida del Mesías? Ver Daniel 9:27:

“Y por otra semana confirmará su pacto con muchos”. ¿De qué pacto se está hablando? ¿Con quién hizo Dios un pacto? Después de la cautividad de los setenta años, Dios dijo: “Voy a darte 490 años más”. Este es el pacto que se menciona aquí. Pero, si ustedes continúan rebelándose contra Dios, dijo el Señor: “Yo voy a terminar ese pacto con ustedes y el mensaje de salvación será llevado a otros pueblos”. De la profecía de los 490 años o 70 semanas, 69 de ellas se han cumplido ya. Esto quiere decir que nos falta sólo el cumplimiento de una semana. El versículo que ha sido leído dice: “Y por otra semana confirmará el pacto con muchos”. Es decir, en esta semana El va a confirmar su pacto con su pueblo, el pueblo escogido, el pueblo judío. Si su pueblo no se arrepiente, entonces el evangelio será llevado a los gentiles. Pero, ¿qué sucederá al fin de esa semana? Ver Daniel 9:27:

“Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”.

            Sabiendo ya que las 69 semanas han tenido su cumplimiento en el año 27 d.C., nos resta ver solo el cumplimiento de esa semana. Si ésta la colocamos en días, encontraremos que estos siete días tendrían su cumplimiento en una fecha posterior, pero Daniel dice: “a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda”.

            ¿Cuánto es la mitad de la semana? Tres días y medio o años de acuerdo a la interpretación profética que hemos venido siguiendo. De acuerdo a la profecía, algo tiene que suceder al fin de este período. Ya se ha estudiado que los 483 años llegan al año 27 d.C. Si se añade a esta fecha los tres días y medio, nos llevaría al año 31 d.C. ¿Qué sucede en esta fecha? La Biblia dice, que cesará el sacrificio y las oblaciones. Es bien sabido que en esta fecha el Mesías fue crucificado. El suceso es, la crucifixión de Jesús.

            Una cosa sorprendente, el decreto para restaurar y edificar Jerusalén fue dado en el otoño del año 457 a.C. El cumplimiento de los 483 años que llegaron al año 27 d.C., se cumplieron en el otoño de ese año. Pero la mitad de la semana o los tres días y medio nos llevan a la primavera del año 31 d.C. Esta es la fecha cuando la Pascua se celebraba. Es exactamente en el día de la Pascua cuando Jesús es crucificado.

            El sacerdote de Israel estaba listo para sacrificar el cordero pascual, pero en el momento que iba a efectuar el sacrificio, el cuchillo cae de su mano, el velo del templo se rompe en el centro de arriba hacia abajo, el cordero escapa de su mano. Este era el momento cuando el Hijo de Dios, el Cordero de Dios, estaba expirando en la cruz. Cristo fue crucificado en el año 31 d.C., conforme lo había predicho la profecía. El apóstol Pablo en 1 Corintios 5:7 dice:

“Porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”.

            Jesús el inmaculado Hijo de Dios, fue crucificado en la cruz por ti y por mí. Sufrió solo en el Calvario, por los pecados de la raza humana. Sabiendo que podía sufrir la muerte eterna, decidió morir por ti y por mí. Aquel que había existido con el Padre, siendo uno con el Padre, decidió entrar en los dominios de la muerte para que tú y yo pudiésemos entrar en los dominios de la vida. El experimentó los dolores de la experiencia de la separación para que tú puedas experimentar el gozo de la unión con Dios.

La Última Oportunidad de Israel.-

            Cristo el Mesías de la profecía, fue crucificado en la fecha exacta que el profeta Daniel profetizó 500 años antes. El fue crucificado exactamente en la mitad de la semana, como lo establece la profecía. Pero, para que la profecía sea totalmente cumplida, falta el cumplimiento de tres días y medio. Esta fecha nos llevaría al año 34 d.C. Esta es la fecha cuando el Sanedrín judío pasó su decreto oficial negando toda acusación y responsabilidad de haber crucificado al Mesías, y culminaron su decisión con el apedreamiento de Esteba. Por lo tanto, a partir de esta fecha, el Evangelio fue llevado a los gentiles. Ver Hechos 6 y 7. Una vez más, la misericordia de Dios es revelada. Después que la nación judía dio muerte a Jesús, Dios pacientemente esperó por tres años. Durante estos tres años, trató de impresionar en sus mentes la veracidad de la divinidad de Cristo. Pero, finalmente fueron abandonados y dejaron de ser una nación escogida. Hasta aquí se ha visto el cumplimiento de la primera parte del total de la profecía. Los 490 años han tenido su cumplimiento en el bautismo, crucifixión y rechazo de Jesús. Y como resultado, la extensión del Evangelio a otras naciones. Pero la profecía de los 2.300 años, continúa más allá de esta fecha. Si se restan de los 490 años que ya tuvieron su cumplimiento en el año 34 d.C., todavía nos quedan 1.810 años, que nos llevarían al año 1.844 d.C.

La Hora del Juicio.-

            En la misma forma como se cumplió el bautismo de Jesús en el año 27 d.C., su crucifixión en el año 31 d.C., y la expansión del evangelio en el año 34 d.C., así también Cristo en 1.844 d.C. entró en una obra especial de limpieza en el santuario celestial. Estamos viviendo en un tiempo especial conocido como el tiempo del juicio o la hora del juicio. En el libro de Apocalipsis, Jesús enfáticamente declara: “He aquí Yo vengo pronto, y Mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.

            Siendo que Jesús regresa y trae una recompensa con El, es necesario determinar su regreso y quién ha de recibir ese galardón. A través de las edades la gran controversia se ha marcado más y más entre el bien y el mal. Satanás ha usado en una forma efectiva a los dirigentes políticos, los reinos y los poderes religiosos para oprimir al pueblo de Dios. El punto focal del esfuerzo titánico entre las fuerzas celestiales y las del infierno, es la mente. Cada ser humano encara su decisión eterna. ¿Va él a permitir que Jesús reine supremo en su vida? ¿Rendirá usted su mente a Cristo? ¿Es el yo el centro de interés en su vida? Si Cristo, cuando venga, llevara al cielo hombres y mujeres con semillas de rebelión, acaso, ¿no se continuaría el conflicto entre Cristo y Satanás, otra vez? El juicio que se ha estado realizando desde 1.844, revela al universo si los hombres y mujeres que han de ser salvos, han sido en realidad leales a Dios.

            Amigo, nosotros estamos viviendo esta noche en la hora del juicio. De la misma forma como los del Israel antiguo que no se arrepintieron, dedicando sus vidas a Dios en sincera confesión y fueron cortados, así también nosotros estamos viviendo en un momento solemne, importante y hasta crítico de la historia. ¿Has tú, en este momento, rendido tu vida a Cristo? Sabiendo que el juicio se está realizando en el cielo, ¿has fijado ya tu destino? Este es tu momento. Hay muy poco que hacer con el pasado. El futuro puede no ser una realidad. Pero este es tu momento. Por qué no le dices al Señor: “Esta noche te doy mi vida. Perdona mis pecados, y por Tu gracia prepárame para Tu reino eterno”.
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Los tiempos del fn

Mat. 24:3-14 Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 4Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. 7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 8Y todo esto será principio de dolores.
9Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 14Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

1Tes. 5:1-8 Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. 2Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; 3que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. 4Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. 5Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. 6Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. 7Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. 8Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Dios no nos ha puesto para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, 10quien murió por nosotros para que ya sea que vigilemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él. 11Por lo cual, animaos unos a otros y edificaos unos a otros, así como lo estáis haciendo.

1Tes. 5:1-11 En cuanto a las fechas y los tiempos, hermanos, no necesitan que les escribamos. 2Ustedes saben muy bien que el día del regreso del Señor llegará cuando menos se lo espere, como un ladrón que llega de noche. 3Cuando la gente diga: “Todo está en paz y tranquilo”, entonces vendrá de repente sobre ellos la destrucción, como le vienen los dolores de parto a una mujer que está encinta; y no podrán escapar. 4Pero ustedes, hermanos, no están en la oscuridad, para que el día del regreso del Señor los sorprenda como un ladrón. 5Todos ustedes son de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad; 6por eso no debemos dormir como los otros, sino mantenernos despiertos y en nuestro sano juicio. 7Los que duermen, duermen de noche, y los que se emborrachan, se emborrachan de noche; 8pero nosotros, que somos del día, debemos estar siempre en nuestro sano juicio. Debemos protegernos, como con una coraza, con la fe y el amor, y cubrirnos, como con un casco, con la esperanza de la salvación. 9Porque Dios no nos destinó a recibir el castigo, sino a alcanzar la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. 10Jesucristo murió por nosotros, para que, ya sea que sigamos despiertos o que nos durmamos con el sueño de la muerte, vivamos juntamente con él. 11Por eso, anímense y fortalézcanse unos a otros, tal como ya lo están haciendo. (D´s Habla Hoy)

ABOMINACIÓN DESOLADORA

Dn. 11:31 Se levantarán sus tropas, que profanarán el santuario y la fortaleza, quitarán el sacrificio continuo y pondrán la abominación desoladora.

Mt. 24:15-22 Por tanto, cuando veáis en el Lugar santo la abominación desoladora de la que habló el profeta Daniel—el que lee, entienda—, 16entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; 18y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. 19Pero ¡ay de las que estén encinta y de las que críen en aquellos días! 20Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado, 21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22Y si aquellos días no fueran acortados, nadie sería salvo; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.

2Tes. 2:1-4 Con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, 2que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu ni por palabra ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Ha llegado (traducción mas certera del original griego) 3¡Nadie os engañe de ninguna manera!, Pues no vendrá sin que antes venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto, que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.

LOS SELLOS

Ap. 6:1-11 1Entonces vi que el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir con una voz como de trueno: «¡Ven!».

2Miré, y vi un caballo blanco. El que lo montaba tenía un arco y le fue dada una corona, y salió venciendo y para vencer.

3Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: «¡Ven!».

4Salió otro caballo, de color rojizo. Al que lo montaba le fue dado poder para quitar la paz de la tierra y hacer que se mataran unos a otros. Y se le dio una espada muy grande.

5Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: «¡Ven!».

Miré, y vi un caballo negro. El que lo montaba tenía una balanza en la mano. 6Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: «Dos libras de trigo por un denario y seis libras de cebada por un denario, pero no dañes el aceite ni el vino».

7Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que decía: «¡Ven!».

8Miré, y vi un caballo amarillo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra.

9Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían muerto por causa de la palabra de Dios y del testimonio que tenían. 10Clamaban a gran voz, diciendo: «¿Hasta cuándo Señor, santo y verdadero, vas a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra?»., 11Entonces se les dio vestiduras blancas y se les dijo que descansaran todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos que también habían de ser muertos como ellos.

LOS ÚLTIMOS TIEMPOS O TIEMPOS DEL FIN ¡ESTOS TIEMPOS!

BURLADORES:

2Pe. 3:3-4 sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación

Jd. 17-19 Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; 18los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos. 19Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.

MURMURADORES:

Jd.11-16 ¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. 12Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; 13fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.

14De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, 15para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él. 16Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.

FALSOS PROFETAS

Mt. 7:15-23 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20Así que, por sus frutos los conoceréis. 21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

APOSTASÍA

1Tm. 4:1 Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios...

CONCLUSIÓN

Mt. 12:30-32 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. 31Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.

. "El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce. Por eso les digo que a todos se les podrá perdonar todo pecado y toda blasfemia, pero la blasfemia contra el Espíritu no se le perdonará a nadie. A cualquiera que pronuncie alguna palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará, pero el que hable contra el Espíritu Santo no tendrá perdón ni en este mundo ni en el venidero”
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