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Nuestro Dios es un Dios de liberación y no hay límite en su poder

Uno de los hombres de Dios al que se le da mucho espacio en la Palabra de Dios es Eliseo. Eliseo era un seguidor de Elías, cuyo ministerio él sucedió (ver 1 de Reyes 2). De los muchos milagros que Dios hizo a través de Eliseo, en este estudio vamos a considerar solo dos de ellos. En ambos casos, nuestra concentración será en la habilidad de Dios de librar a aquellos que lo buscan de cualquier problema que les surja.

1. 2 de Reyes 4:1-7: la viuda con los dos hijos

El primero de los dos casos que vamos a examinar en este estudio se trata de una viuda y sus dos hijos. 2 de Reyes 4:1 nos habla sobre esta mujer y el gran problema que enfrentaba después de la muerte de su esposo.

2 de Reyes 4:1
“Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.”

De acuerdo al pasaje, esta mujer era la esposa de un hombre que temía y honraba al Señor. Desafortunadamente, su esposo murió dejando a su familia una deuda que no podían pagar. Como resultado, el acreedor vino a llevarse a los hijos como siervos. De lo anterior podemos entender fácilmente la emergencia de la situación: para enfrentar este problema ella clamó a Eliseo, el varón de Dios. Por supuesto, acudir al hombre de Dios en esta critica situación no fue accidental. Cuando el tiempo es tan limitado (“el acreedor había venido”) acudes a aquellos que en verdad pueden ayudarte. Obviamente, esta mujer creyó que el hombre que podía ayudarla era Eliseo, el varón de Dios . Evidentemente, había determinado PELEAR esta difícil situación y pelearla CON DIOS. Habiendo visto lo que la viuda dijo a Eliseo vamos a ver lo que Eliseo le respondió:

2 de Reyes 4:2
“Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa.

Observa la disponibilidad de Eliseo, estaba ahí listo para ayudar a la viuda. No la condenó por la deuda. En mi opinión personal, debió haber pasado mucho tiempo antes de que la viuda o su esposo alcanzaran el estado de insolvencia. Ciertamente no se llega a ese punto de un día para otro, sin mientras tanto manejar muchas cosas erróneamente. Sin embargo, el punto no era lo que había pasado, lo que pasó pasó. Lo que ahora contaba no era el pasado, sino que en el presente ella necesitaba apoyo inmediato y para encontrarlo recurrió al Señor. También observa cómo Eliseo no trató de despacharla porque el problema era muy grande. Él de seguro no tenía solución alguna para el problema, antes de que Dios proveiera la maravillosa solución que leeremos en un momento. No obstante, eso no significa que él no estaba disponible para ayudarla. De lo contrario, su respuesta dice que estaba listo para ayudarla de la manera que pudiera. El verso 2 nos da la respuesta de la mujer a lo que Eliseo respondió:

2 de Reyes 4:2
“Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.”

Esta viuda estaba verdaderamente en gran pobreza. No había nada en su casa mas que una vasija de aceite. Obviamente en su esfuerzo por querer salir de la deuda vendió todo. No había mesa, camas, ni utensilios de cocina. Lo único que quedaba era la vasija de aceite. Sin embargo, esa vasija era suficiente para que Dios la liberara. Los versículos 3-4 dicen:

2 de Reyes 4:3-4
“El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.”

Dios a través de Eliseo le dijo a la mujer que pidiera prestadas vasijas vacías y que les pusiera aceite de la vasija suya. Si no tomáramos en cuenta a Dios, esas instrucciones sonarían muy locas. Porque, de acuerdo a las leyes científicas, una vasija de aceite no puede llenar mas que solo otra vasija de aceite del mismo tamaño. Por lo cual, científicamente hablando, lo que Eliseo le dijo a la viuda que iba a suceder era imposible. Sin embargo, iba a ser imposible si, repito, no tomáramos a Dios en cuenta. Porque, si no tomamos a Dios en cuenta, las cosas son completamente diferentes. La razón es que Dios no está limitado por las leyes científicas. Cuando se trata de Él, lo que cuenta no es si algo es científicamente posible o no, sino si es Su voluntad o no. Cuando algo es Su voluntad, sucederá, independientemente de lo que los científicos digan. Obviamente, de lo que ya hemos leído, podemos concluir que Dios deseaba la liberación de la mujer de su problema. Por lo cual, hablando bíblicamente, lo que Eliseo dijo correspondía a la voluntad de Dios en cuanto a esa situación y ciertamente sucedería al 100% si la viuda hacía lo que Dios le dijo, esto es i)pedir prestadas las vasijas, ii) encerrarse con sus hijos iii) poner aceite de su vasija en las vasijas prestadas y vacías. No creo que la viuda haya visto en su vida que una sola vasija llenara muchas más vasijas vacías con aceite. Sin embargo, para que Dios ejecutara Su voluntad, ella tenía que creer que lo vería por primera vez. Con Dios, no cuenta si algo ha sucedido con otras personas, lo que cuenta es si creeremos y actuaremos en lo que Él dice. Entonces, veamos si finalmente la mujer le creyó a Dios o no:

2 de Reyes 4:5
“Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite.”
La mujer CREYÓ lo que Dios le dijo y lo hizo. Entonces, tan pronto como se fue de Eliseo pidió las vasijas prestadas y vacías “se encerró” con sus hijos, y echó el aceite de su vasija en las demás vasijas exactamente así como Dios le había dicho. Lo que sucedió después viene en el verso 6:

2 de Reyes 4:6
“Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.”


Todas las vacías que pidió prestadas se llenaron con el aceite. El aceite “cesó” solo hasta cuando ya no hubo más vasijas vacías. Sin embargo, las vasijas llenas fueron suficientes para pasar a la viuda y a sus hijos de la bancarrota a la prosperidad. El verso siete dice:

2 de Reyes 4:7
“Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.”

El aceite fue tanto, que ella y sus hijos pudieron pagar la deuda y vivir del resto. Así que la viuda no había sido librada de su problema sino que fue más que librada: obtuvo un tesoro en el aceite y todo eso porque buscó la liberación del Señor. Acudió a Dios y a Su varón, pobre y oprimida y partió rica y librada.

2. 2 de Reyes 4:8-30: La mujer sunamita

El registro anterior de la viuda no es el único en la Biblia donde vemos el poder libertador de Dios manifestarse. Como dijimos, nuestro Dios es un Dios de liberación y como consecuencia, la Biblia está llena de casos que hablan sobre gente que confió en Dios y fue librada. Uno de esos casos se puede encontrar en el mismo capítulo de 2 de Reyes y viene después del registro de la viuda con los dos hijos. Empezando desde el verso 8 leemos:

2 de Reyes 4:8
“Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.”

Una vez más, una mujer es el personaje principal de la historia. Sin embargo, en comparación con el caso anterior donde la mujer era muy pobre, la mujer de esta historia era notable, muy probablemente una persona que estaba en una situación sin problemas económicos. Ahora, un día en el que Eliseo pasaba por aquel lugar, esa mujer lo persuadía para que fuera a comer a su casa y cada vez que pasaba por ahí iba a casa de la mujer a comer. De lo anterior, podemos entender el respeto y atenciones que tenía esa mujer hacia Eliseo. Porque no invitas a alguien a comer a tu casa si esa persona no te importa. Pero, ¿porqué Eliseo le importaba tanto a este mujer? En el verso 9 viene la razón:

2 de Reyes 4:9
“Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios”
Para esta mujer, Eliseo era “varón santo de Dios”. Es por eso que ella era tan amable con él. Su respeto y atenciones por Eliseo era una demostración del respeto que tenía hacia él. No obstante, las atenciones de la mujer no terminaron solo en comida. Los versos 9 y 10 nos dicen como continuó:

2 de Reyes 4:9-10
“Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios. Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.”

En verdad, qué considerada era esta mujer con Eliseo. No solo le ofreció de comer, sino que también mandó construir una habitación para él para cuando pasara por él pueblo y durmiera por la noche ahí. No hay necesidad de decir que Dios no podría haber dejado el cuidado y la amabilidad de esta mujer sin recompensa. Los versos 11 al 14 dicen:

2 de Reyes 4:11-14
“Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.”

Eliseo reconoció las amabilidades de la mujer y estaba agradecido con ella. Entonces, devolviéndole su bondad, inicialmente él le sugirió hablarle de parte de ella al rey o al comandante del ejercito. Sin embargo, no era eso lo que la sunamita deseaba, ya que estaba satisfecha y segura viviendo en su pueblo. Lo que ella deseaba grandemente viene en el siguiente verso:

2 de Reyes 4:14-17
“Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo. Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.”

Esta mujer no tenía hijos, y científicamente hablando, no tenía probabilidades de procrear uno, porque su esposo ya era anciano. No obstante, eso no significaba que no podría tener uno. Porque hay alguien que cumple deseos aún cuando la ciencia no da ninguna probabilidad de que se cumplan. ¿Quién es? La respuesta es Dios. Como dijimos al examinar el caso de la viuda, para Dios no hay imposibles y cuando algo es Su voluntad, sucederá, independientemente de lo que las probabilidades digan. Para la ciencia, esta mujer no tenía probabilidades de tener hijos, y aun así, porque era la voluntad de Dios, lo iba a tener.

Aparte de eso, otro punto que también es notorio, es que Eliseo desde el principio no sabía el deseo que la mujer tenía. Porque entonces, no le hubiera sugerido desde el primero momento hablarle al rey de parte de ella o al comandante del ejercito ni le hubiera preguntado a Giezi qué podía hacer por ella. Sin embargo, no hay nada de raro en eso. Porque Eliseo, así como cualquier otro hombre que tenía al espíritu santo , pudo haber sabido, ya sea a través de sus cinco sentidos o a través de revelación de Dios. Obviamente, en nuestro caso, Dios no le había revelado desde el principio que la mujer deseaba mucho tener un hijo, sino que Él le dijo a través de Giezi porque pensó que esa era la mejor manera de obtener la información más pertinente. Luego, después de que Eliseo supo por Geazi que la mujer no tenía hijos, Dios le dio revelación directamente diciéndole que en un año la mujer estaría abrazando un hijo y por eso Eliseo se lo anunció. La reacción de la mujer frente a tan maravillosa promesa viene en el verso 16:

2 de Reyes 4:16
“Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.”

La mujer pensó que Eliseo se estaba burlando de ella o que le estaba mintiendo. No podía creer que su más grande deseo se iba a cumplir. Esto no es poco común: a veces nos tardamos en creer las cosas maravillosas que la Palabra de Dios dice que tenemos o las cosas que Dios promete que nos va a dar al caminar con Él. Nos parecen demasiado buenas para ser verdad. Sin embargo, tenemos que entender que de Dios solo viene toda bondad y don perfecto (Santiago 1:17). Cuando viene de Él, no hay cosas así como “muy bueno para ser verdad”, porque de Dios vienen solo cosas BUENAS y VERDADERAS. Como en Efesios 3:20 dice que Dios “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”. No tiene problema alguno para hacer lo que Él quiera. Cuando es Su voluntad, CIERTAMENTE LO HARÁ. Regresando a la mujer, en mi opinión, la promesa de un hijo era para ella algo que verdaderamente pertenecía a la esfera de “mucho más abundantemente de lo que pedimos”. Es por eso que pensó que Eliseo se burlaba de ella o le mentía. Sin embargo, aparte de maravillosa, esta promesa también era verdadera. En el verso 17 viene su cumplimiento:

2 de Reyes 4:17
“Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.”

Después de un año la mujer dio a luz un hijo exactamente como Dios le había prometido. Aunque parezca que la historia terminó aquí, aun no es el final. Y eso porque los versos siguientes nos hablan de un problema de salud muy grave que le ocurrió al niño cuando creció:

2 de Reyes 4:18-20
“Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los segadores; y dijo a su padre: !!Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre. Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió.”

Al niño le dio una de esas enfermedades muy serias que le produjo la muerte rápidamente. Como podemos ver, a pesar del hecho de que el niño era un regalo de Dios que, de acuerdo a Santiago 1:17, era perfecto y bueno, el adversario se las arregló para hacerle daño. Pero de nuevo, eso no es extraño. En ninguna parte de la Palabra de Dios dice que los hijos de los creyentes (o padres, hermanos, esposas o los mismos creyentes) nunca se van a enfermar. Hay un enemigo, el diablo, y su trabajo es causar enfermedad. Es por eso que la Biblia llama a aquellos que estaban enfermos y que fueron sanados por el Señor Jesús como “oprimidos por el diablo” (Hechos 10:44): los llama así porque el diablo los oprime con enfermedad. Así que, muerte o enfermedad son cosas que no vienen de Dios. Por otro lado, hay cosas cuya fuente es lo contrario al poder espiritual de Dios, el diablo. No obstante, aunque el adversario es capaz, cuando encuentra el modo, de traer enfermedad, Dios, que es mucho más grande que el diablo (1 de Juan 4:4), nos puede sanar de todo tipo de enfermedad. Como en el Salmo 103:3 dice:

Salmo 103:3
“El que sana todas tus dolencias;”

Dios no sana la mitad de nuestras enfermedades sino TODAS ellas, independientemente de la opinión de la ciencia de si son curables o no. Volviendo a la mujer, ¿podría Dios haber ido tan lejos como para revertir el aparente hecho irreversible de la muerte del niño? Vamos a ver la respuesta en un momento, después de ver primero la reacción de la mujer ante este hecho:

2 de Reyes 4:21-24
“Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió. Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de los asnos, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y regrese. El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo. Y ella respondió: Paz. Después hizo enalbardar el asno, y dijo al criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere.”

De la reacción de la mujer queda claro que no consideró la muerte de su hijo como una realidad irreversible. En vez de quedarse de luto junto al niño y decirle a su esposo sobre su muerte, puso al niño en la cama del varón de Dios y le pidió a su marido que le diera un asno y un criado para poder ir con él. Obviamente, la mujer reconoció que el niño era un regalo que Dios le había dado y que su muerte no era la voluntad de Dios. Así que, ella no aceptó que la muerte de su hijo era una realidad que no podía cambiar. Por eso se fue apresuradamente con Eliseo y no le dijo a nadie lo que había pasado. Los versículos 25-28 nos dicen lo que pasó cuando se encontró con Eliseo:

2 de Reyes 4:25-28
“Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo. Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita. Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien. Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado. Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí?”

Una vez más podemos ver que el Señor sin haberle dicho, Eliseo, como cualquier otro hombre, le era imposible saber por anticipado lo que le estaba pasando a la mujer. La mujer estaba obviamente muy triste. Sin embargo, a pesar de su gran tristeza, tuvo el coraje de dejar a su hijo muerto en casa y visitar al varón de Dios. La reacción de Eliseo fue inmediata:
2 de Reyes 4:29-31
“Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo saludes, y si alguno te saludare, no le respondas; y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño. Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro del niño; pero no tenía voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo declaró, diciendo: El niño no despierta.”

Giezi llegó primero a la casa, pero a pesar de haber hecho lo que Eliseo le dijo el niño no despertó. Después de un rato, Eliseo y la madre llegaron también:

2 de Reyes 4:32-33
“Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama. Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová.”

Eliseo ORÓ al Señor. Esa fue su reacción ante la situación. Seguramente estaba en una posición difícil: el niño que Dios le había prometido a la mujer a través de él ahora estaba muerto, y sin ninguna señal de recuperación, aun después de que Geazi había hecho lo que Eliseo le dijo. No obstante, en ningún momento vemos a Eliseo perder su confianza en Dios, o sentirse frustrado y dejarse caer. Sino que enfrentó la situación como debió: ORÓ AL Señor. El Señor es la fuente de todas las respuestas, y Eliseo necesitaba obtener una respuesta sobre qué hacer en esa situación. Por lo cual, oró al único que sabía la respuesta: al Senor . Como resultado, Dios respondió su oración. Los versos 34-35 dicen:

2 de Reyes 4:34-35
“Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor. Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos.”

Todas esas cosas que vienen en el pasaje anterior que Eliseo hizo, no fueron cosas que salieron de su mente, sino que fueron hechas mediante revelación de Dios. Tal es el caso, que vemos el obvio resultado: el niño fue sanado y Eliseo se lo devolvió a su madre:

2 de Reyes 4:36-38
“Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo. Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió. Eliseo volvió a Gilgal”

Dios liberó a la mujer y revertió el aparente hecho irreversible de la muerte del niño, demostrando así que Él puede ir tan lejos como se necesite para libertar a aquellos que buscan Su poder liberador.

3. Conclusión

En este tema examinamos dos casos que nos demostraron el poder liberador de Dios. Se motiva al lector a estudiar la Palabra de Dios por sí mismo para encontrar más ejemplos. En ambos casos examinados y generalmente en todos los casos que uno puede encontrar estudiando la Biblia, la lección dada es la misma: aquellos que confían en Dios y lo buscan nunca serán avergonzados por ningún problema que enfrenten. Nuestro Dios es un Dios de liberación y no hay límite en su poder. Puede ir tan lejos como para llenar vasijas vacías de aceite o resucitar niño muertos para libertar a Su gente. Es verdaderamente “capaz de darnos más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”. Por eso, en todo lo que puedas necesitar, CONFÍA en el poder libertador de Dios, estando seguro de que si lo hacemos, solo una cosa va a pasar: seremos libertados.

Ministerio Evangelistico Iglesia Cristiana en la Red
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

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EL PODER DE LA RESTAURACIÓN


        Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naín, lo restauró, lo restituyó, se lo devolvió… Creo que esta madre amó más a su hijo y el hijo amó más a su madre, hubo cambios en esa relación, hubo renovación en su amor filial… Dios tiene el poder de restaurar todas las cosas. Veamos:   

  A. En el hebreo, significa: renovar, reparar, restaurar.                 
Nota: en el A.T. ésta palabra se usa generalmente para referirse a la reconstrucción del Templo del Señor… hoy somos templo del Espíritu Santo de Dios...
   B. En el griego, significa: volver a construir, poner en orden, restablecer.                 
Nota: al igual que en el A.T. el término generalmente hace referencia a la reconstrucción...                                                          
 C.    El plan de salvación es un plan de restauración. 
Nota: En el Edén el plan de Dios fue dañado, porque Dios quería gobernar la tierra a través del hombre, y con la desobediencia de Adán, el diablo tomó la autoridad y vinieron las tristes consecuencias, pero Dios da inicio a un plan de restauración…  

II.  DIOS ENVIÓ A SU HIJO A REPARAR EL PLAN ORIGINAL:

A.    Cristo es el postrer Adán, 1 Cor. 15:45,47.     
Nota: La relación aquí es muy clara, un primer Adán que falló y un postrer Adán (Cristo) que vino a restaurar o reparar el daño ocurrido en el Edén…
 B.     Cristo vino a cumplir el propósito divino, Gál. 4:4.   
Nota: el salmista dijo: “en tus manos están mis tiempos” (Sal. 31:5), Dios siempre se mueve en su tiempo. Tú eres un propósito divino y has nacido en el tiempo de Dios. Cristo tuvo que enfrentar:

1.  Rechazo de las autoridades religiosas (sacerdotes, escribas y fariseos…)
2.  Rechazo e incredulidad de su familia,
3.  Calumnias de sus oponentes,
4.  Menosprecio en varios lugares (Ej: los gadarenos... en Nazaret…)
5.  Traicionado y crucificado, todo esto vino contra Cristo, pero él se fortaleció en Dios y pudo vencer, porque se cumple la Palabra de Dios que dice:“Jehová cumplirá su propósito en mí”

III.   CRISTO ES NUESTRA INSPIRACIÓN:

A.    La muerte no pudo retenerlo, Lc. 24:1-3. 
Nota: La piedra según el evangelio de Mateo fue removida por un ángel… el cuerpo del Señor no estaba, había resucitado…

Lc. 24:4-7, la palabra resurrección (gr. anastasis) significa ponerse de pie, levantamiento, “pararse de nuevo”. Al tercer día resucitó, cómo el Padre se lo había dicho, Jesús confió en su Padre, y 72 horas después de su muerte el poder de Dios vino sobre el cuerpo de Jesús, sus lienzos cayeron y él se levantó… Quizá has escuchado decir frases como:

“ya no hay posibilidad”,“de ésta no se levanta”,“ahora si fracasó del todo”,Pero ignoran que nuestro Dios resucita muertos, que Dios toma lo vil y menospreciado del mundo para glorificarse, que siendo Abraham de 100 años, tuvo hijo, porque Dios da vida a los muertos y llama las cosas que no son, como si fuesen, porque nada es imposible para Dios…     

B.    Lc. 24:8-12, el sepulcro es figura de aquello que te quiere retener.  

Nota: Entre los hebreos, se trataba por lo general de una cueva, cerrada con una puerta o piedra. Según los relatos evangélicos, el cadáver de Jesús lo depositaron en un sepulcro nuevo que José de Arimatea había hecho excavar para sí mismo en una roca, y cuya entrada se cerró con una gran piedra. Imagínate su interior al ser cerrado, era un lugar de:

1.  Oscuridad,
2.  Soledad,
3.  Cautiverio,
4.  Silencio asfixiante,
5.  Fracaso para los de afuera. Para todos había muerto, y todo había acabado, para Jesús un gran obstáculo a vencer era el sepulcro… Cuál es el tuyo?



Conclusión: Cristo venció, cumplió el propósito del Padre, muchas cosas vinieron contra él, pero confió en las palabras del Padre y se levantó en el poder del Espíritu, tomó la autoridad y delegó a su iglesia para vencer… eres llamado a levantarte y caminar en el poder y las promesas de Dios…

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El pecado de la presunción es confiar en sí mismo



“Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo. Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él en los campamentos de Dan, entre Zora y Estaol”, Jue. 13:24-25.

Por revelación de Dios, Manoa y su esposa estéril se enteran que ella quedará embarazada, y su hijo será un instrumento de Dios para comenzar a salvar a Israel de la opresión filistea. Vemos también casos como el profeta Jeremías, como Juan el bautista, en fin todos nosotros, porque somos un propósito de Dios “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Ef. 1:4), por eso Sansón nació en el tiempo de Dios, en la familia que le correspondía, en la nación donde Dios lo requería.

Fue ungido desde su adolescencia. El término hebreo para niño en el pasaje de hoy es naar que traduce también joven, juventud,denota un joven soltero pero con edad para casarse.  La palabra “manifestarse” viene de un término hebreo que significa: impulsar, agitar, dar golpecitos. La bendición de Dios, el testimonio del Espíritu Santo y la unción estaban con él, lo que evidenciaba un propósito especial. Sansón Experimentó el poder sobrenatural de Dios (Jue. 14:5-6), Imagínate aquella experiencia “despedazó al león, por el poder del Espíritu Santo, sin tener nada en su mano”, su gozo debió ser muy grande, porque cuando Dios nos usa con su poder, nuestro corazón se regocija.

Lamentablemente Sansón descuidó su verdadera fuerza: la consagración. Sansón era nazareo (Jue. 13:5). La palabra nazareo significa: apartado, consagrado, príncipe, corona, eran dedicados a Dios y a su servicio… también implicaba abstención, pues no tomaban vino, ni sidra, no podían comer “cosa inmunda”, es decir los animales no permitidos por la Ley. Sin duda, éste término nos hace reflexionar que tan consagrados estamos a nuestro Dios en un mundo como el de hoy.

Sansón olvido su propósito de vida: salvar a Israel de los filisteos. Dios había expresado ya la razón de ser de Sansón, sin embargo con el paso de los años, él se acercaba a las mujeres del pueblo enemigo, hasta que llego al valle de Sorec, cuyo nombre significa: vino rojo, por las uvas rojas que allí se recogían y el vino que se producía (recordemos que el nazareo no podía tomar vino… sin duda alguna el ambiente en el valle de Sorec no era para Sansón), y añade el texto “se enamoró de Dalila”, cuyo nombre significa “coqueta, veleidosa, antojadiza, ligera, inconstante.

Dios requiere fidelidad en sus elegidos. Sansón era una vasija donde Dios había depositado su gloria. El carácter sostiene la unción, como la vasija sostiene el aceite. La formación de un carácter fiel requiere: Tiempo, Formación (pruebas) e Instrucción. Sansón perdió la visión, los filisteos le sacaron los ojos (Jue. 16:20-21). El resplandor de Dios en sansón no pudo brillar como estaba planeado. Sansón significa “pequeño sol”, cuando sus padres le pusieron ese nombre, consideraron lo que el ángel les había dicho, y su hijo sería entonces una luz de esperanza en medio de la crisis… Sansón no perdió la “visión” cuando le sacaron los ojos, ya la había perdido, y juzgaba con sus ojos naturales.

El pecado de la presunción es confiar en sí mismo. Es interesante que Pablo le dijo a Timoteo: “ten cuidado de ti mismo”, y Sansón “se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé”. Pablo por el Espíritu dijo: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”… No podemos confundir: Poder con integridad. Unción con santidad. Bendición con aprobación, siempre debemos depender de Dios. En la cárcel y ciego, Sansón reflexionó mucho, y la Carta a los Hebreos (Heb. 11:32) lo presenta como un héroe de la fe, pero su final fue triste. Dios nos guarde de nuestros propios errores.
  
Reflexión final: Somos un plan de Dios, llamados para vencer, no podemos olvidar eso, es necesario perseverar, permanecer fieles y permitir que Dios sea glorificado. Él ha prometido darnos con la tentación juntamente la salida, ha prometido estar con nosotros, él nos ayudará a vencer, sólo requiere de nosotros un corazón plenamente dispuesto para hacer Su voluntad, recuerda eres
 un propósito de Dios.  



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Este manto que cayó desde los aires cuando Elías ascendía



Eliseo fue un hombre escogido por Dios para sustituir al profeta Elias. Sus primeras experiencias fueron claves para el resto de su ministerio. 

Texto bíblico: 2 Reyes 2.13–18

Desde que Eliseo sacrificó sus bueyes y quemó su arado, habían pasado unos diez años. Durante este tiempo muy poco se dice acerca de él excepto que «servía» como asistente de Elías y esto lo hizo con lealtad hasta el último instante. Ahora se presentaba la perspectiva de mostrar que «el que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel» (Lc. 16.10). Aun antes de su llamamiento había dado pruebas de fidelidad en su silencioso trabajo como labrador y productor de alimentos para el sustento del hombre, tarea que en todo tiempo y lugar ha sido respetada y honorable. Ya en aquel entonces, aparte de cultivar la tierra, Eliseo estaba cultivando un espíritu de servicio al prójimo que sería luego profundizado durante el período en que actuó como siervo asistente de Elías.

El manto de Elías

Después de haber rasgado sus vestidos y expresado su profundo luto por la separación, Eliseo «alzó el manto que se le había caído a Elías» (v.13). Es de suponer que el manto se le había caído cuando estaba siendo elevado hacia el cielo en el torbellino. Podemos imaginar que Eliseo, al observar fijamente cómo Elías ascendía y se iba alejando, repentinamente ve que algo se desprende de aquel fogoso cortejo angelical, comienza a descender y cae finalmente sobre la tierra. Es evidente que el cronista sagrado comprendió la importancia trascendental de este evento, pues en dos oportunidades registró la frase «el manto que se le había caído a Elías». Dos verdades se desprenden de este hecho. La primera es que, en su nueva condición celestial, Elías ya no requeriría el uso de este manto ni para adorno ni para abrigo, y menos aún para cubrir su rostro (1 Re 19.13). Ya podía mirar al Señor «cara a cara» (1 Co 13.12) porque ya estaba revestido de la «habitación celestial» (2 Co 5.2). Además, no existen evidencias en las Escrituras de que en el cielo se ejercite el ministerio profético pues «las profecías se acabarán» (1 Co 13.8), aunque sí se habla del tiempo «de dar el galardón a... los profetas» (Ap 11.18).

La segunda es que la caída del manto de Elías, y su alzamiento por parte de Eliseo, vienen a ser la cristalización de las promesas de Elías al pedido de su siervo. Además, el manto representa el ministerio profético que ahora lo acredita como legítimo sucesor. Vino a ser señal visible de que la doble porción del espíritu solicitada estaba ya operando en él. Es el mismo manto que Elías había arrojado sobre él cuando estaba arando con sus bueyes en Abel-mehola. En aquella oportunidad, Eliseo comprendió de inmediato el significado del acto realizado por Elías, interpretándolo como un claro llamamiento para alistarse al servicio de la causa de Jehová.

Ahora, en circunstancias aún más espectaculares y conmovedoras, el mismo manto vuelve a caer. Esta vez cae no por un acto intencional de Elías, sino como el envío de Aquel que controla en forma minuciosa todos los detalles grandes y pequeños en la vida de sus siervos. Las palabras «se le había caído» parecen sugerir un acto casual, pero bien sabemos que para Dios no hay casualidades y menos en circunstancias tan cruciales como las que estamos analizando. Una vez más, Eliseo comprendió el significado de la caída del manto, e inclinándose, lo «alzó» (v.13) y lo tomó para sí en un acto de apropiación del oficio que representaba, y del poder recibido para cumplirlo.

Al mirar un poco hacia atrás, también encontramos que este manto había estado con Elías en la misma presencia de Jehová. En 1 Reyes capítulo 19 tenemos el relato del encuentro de Elías con el Señor, en «Horeb, el monte de Dios». Allí «Jehová le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová». El pasaje relata que en «ese momento pasaba Jehová y un viento grande y poderoso rompía los montes y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Tras el viento hubo un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Tras el terremoto hubo un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego se escuchó un silbo apacible y delicado. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto» (1 Re 19.11–13). El viento, el terremoto y el fuego fueron manifestaciones del poder de Jehová. que deben haber hecho temblar al profeta. Sin embargo, fue en el silbo apacible y delicado donde detectó la presencia de Jehová que le obligó a cubrir su rostro con el manto. Esta es la primera ocasión en que se menciona el manto de Elías, pero ¡qué ocasión! ¡Nada menos que en la presencia del Señor! De allí en más lo llevaría consigo todo el tiempo. Sería un constante memorial que le ayudaría a recordar que había estado en la misma presencia de Jehová. Es el mismo manto de la presencia de Jehová que divide las aguas del Jordán, y que luego echa sobre Eliseo. Este manto que cayó desde los aires cuando Elías ascendía, es el que ahora también le habla a Eliseo acerca de la presencia de Jehová que lo ha de acompañar en su servicio. El hombre de Dios da primordial atención en su vida a la presencia del Señor y cultiva el hábito de estar en ella y disfrutarla.

El cruce del Jordán

«Regresó y se paró a la orilla del Jordán» (v.13b). De esta manera el «hombre de Dios» se somete a la primer prueba de su fe en el ministerio. En este caso su fe no es probada por fuego, sino por agua. A sus pies corren presurosas las aguas del río. En la margen opuesta yace la tierra donde debe ejercer su ministerio. El río se interpone entre él y su empresa. A poca distancia, cincuenta miembros de la comunidad de los profetas de Jericó miran atentamente el giro de los acontecimientos. ¿Se repetirá por tercera vez el milagro? ¿Volverían las aguas a «amontonarse» (Jos 3.16) o a apartarse «a uno y a otro lado» (2 Re 2.8)? Eliseo formula la pregunta: «¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?» (v.14). No debemos interpretar esta pregunta como la expresión de duda por parte de Eliseo, sino como una especie de desafío, quizá para testimonio a los «hijos de los profetas» que lo observaban desde la ribera opuesta. Si hubiera tenido dudas aguardaría una respuesta. Sin embargo, tan pronto formula la pregunta actúa con determinación porque tenía en su mano precisamente el manto que hablaba de la presencia de Jehová. La lógica respuesta que el mismo Eliseo daría a su pregunta: «¿Dónde está Jehová?» es: «¡Aquí, junto a mí!». «Apenas hubo golpeado las aguas del mismo modo que Elías, estas se apartaron a uno y a otro lado, y Eliseo pasó» (v.14). Procedió «con fe, no dudando nada» (Stg. 1.6) y Dios honró la fe al inaugurar su ministerio con un milagro semejante al que obró con Josué, cuando el pueblo de Dios entró en la tierra de la promesa. Además, era idéntico al que pocas horas antes se había realizado como corolario de la carrera de Elías en la nación de Israel. Eliseo comienza donde Elías concluyó. Su primer milagro es igual al último de Elías de modo que hay continuidad y no se produce ningún vacío o ausencia de autoridad profética. El plan divino había sido: «a Eliseo ungirás para que sea profeta en tu lugar» (1 Re 19.16), y así se cumplió.
Dios honra a quienes le honran y por medio de esta acción de fe, «el hombre de Dios» recibe por respuesta la acción divina que le confiere una posición de autoridad, y la seguridad de que su presencia está con él. Entonces «los hijos de los profetas que estaban al otro lado en Jericó dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo» (v.15). Al ver con sus propios ojos este milagro, reconocieron que Eliseo era ahora el instrumento escogido por Dios para ser profeta en lugar de Elías (comp. 1 Re 19.16). Por eso, fueron enseguida a recibirlo, y «se postraron delante de él» (2 Re 2.15b, RV-95) en actitud de reconocimiento. Ellos pertenecían a una escuela, su vida estaba dedicada a los estudios, mientras que Eliseo solo era un labrador. Sin embargo, cuando perciben que el espíritu de Dios está con él, y que este es el hombre a quien Dios quiso honrar, con buena disposición, se someten a él (Comp. Jos 1.17). Aquellos que demuestran tener el espíritu de Dios y en quienes la presencia de Dios se manifiesta, deben recibir nuestra estima y nuestros mejores afectos, no importa cuán humilde haya sido su fondo cultural o su entorno social. Todo esto, sin duda, fue un buen estímulo para Eliseo, y le sirvió como nueva confirmación de su vocación.

La búsqueda infructuosa

La comunidad de profetas de Jericó reconoció la investidura de Eliseo, y al ver el manto de Elías en su mano, supieron que algo le había ocurrido a Elías. Sin embargo, les resultaba difícil tener que aceptar el hecho de no verlo más. Después de tantos años de seguir su liderazgo, la personalidad de Elías estaría arraigada de tal modo en sus corazones que no les permitía reconciliarse con el hecho de que su partida era algo definitivo.

Lo primero que le dijeron a Eliseo, su nuevo líder, estaba relacionado, sin duda por razones melancólicas, con la persona de Elías. «Aquí hay entre tus siervos cincuenta hombres fuertes. Deja que vayan y busquen a tu señor ahora; quizá lo ha levantado el Espíritu de Jehová y lo ha arrojado en algún monte o en algún valle» (v.16).

En estas palabras detectamos tres indicios que señalan falta de discernimiento espiritual por parte de los jóvenes profetas. En primer lugar, ellos mismos habían testificado que Jehová habría de quitar a Elías ese día (v.15) y sin embargo, ahora procuraban volver a encontrarlo. En segundo lugar, confiaban en la capacidad de sus mejores hombres, cincuenta varones «fuertes» para organizar la búsqueda y poder encontrarlo. Finalmente, demostraron tener un concepto muy mezquino con respecto al Espíritu de Dios. Esta no es por cierto la forma en que el Espíritu del Señor, «el Consolador», procede con los siervos de Dios. No los levanta a cierta altura para luego arrojarlos en algún cerro o valle en forma despectiva.

Eliseo les respondió en forma breve: «No enviéis». Bien sabía él que solo sería una pérdida de tiempo y un esfuerzo innecesario y desperdiciado. ¡Buscar a Elías por los montes y valles sería como buscar a Jesús en las tumbas de un cementerio! Sin embargo, ellos insistieron hasta el cansancio.

La propuesta de los profetas podría además insinuar que algunos de ellos se resistían a aceptar el nuevo liderazgo y pensaran para sí: «Asegurémonos primero que Elías realmente ha desaparecido. Reunamos todas las evidencias posibles». Ante tal presión y quizá para evitar que pensaran que él tenía falta de interés y respeto para con su ex-maestro, o que tenía temor de perder su derecho al manto si ellos lo encontraran, finalmente accedió, y dijo: «¡Que vayan!» (NBE).

La búsqueda se extendió por tres días pero fue infructuosa: «No lo hallaron» (2 Re 2.17). Existe un atractivo paralelo entre este pasaje y los relatos tocantes a Enoc en Génesis 5.21–17 y Hebreos 11.5. Allí nos dice que Enoc «no fue hallado, porque lo traspasó Dios». Recorrieron montes y valles pero todo fue en vano. Cincuenta hombres perdieron tres días cada uno, o sea un total de ciento cincuenta días. ¡Cuántas veces perdemos tiempo inútilmente por falta de discernimiento espiritual, o por no querer aceptar las circunstancias que Dios nos ha impuesto! Recorrer montes y valles jamás nos llevará al encuentro de Elías, pero sí lo podremos lograr si imitamos su celo y su fe.

Al regresar a Jericó con las evidencias de cansancio y fracaso en sus rostros, Eliseo les preguntó: «¿No os dije yo que no fuerais?» (v.18). Esta circunstancia sirvió para reforzar aún más la autoridad de Eliseo para con la comunidad de los profetas. A nosotros, este incidente nos presenta dos valiosas lecciones. La primera es que una característica saliente del hombre de Dios es que tiene discernimiento espiritual. La segunda es que sus palabras están siempre respaldadas por la autoridad de Dios evidenciada en los hechos.

Hasta aquí la reseña de la historia que hemos realizado, donde hemos acompañado a Elías Tisbita y a Eliseo hijo de Safat, su ayudante, en las distintas experiencias que compartieron. Esto nos ha permitido obtener una apreciación de la base y el trasfondo en los cuales, por muchos años, el Señor estuvo forjando el carácter de Eliseo para cumplir un brillante ministerio, para la gloria de Dios y la bendición de su pueblo Israel.

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Dios recompensó La gran fe de caleb


La fe que Dios recompensa

Aconteció cuando pueblo de Dios  llegaron al Jordán por segunda vez, es decir, exploramos una pequeña porción de la vida de Josué quien fue uno de los dos hombres que recibió la promesa de Dios. La Vemos como la fe y la completa confianza en la Palabra de Dios de Josué fue lo que le fortaleció para que él pudiera continuar en su camino a la Tierra Prometida.  Pero ahora debemos preguntarnos, ¿qué sucedió con Caleb?
Es muy importante hacernos esta pregunta, porque Caleb fue el segundo hombre que también alcanzo entrar en la promesa de Dios, es decir, la Tierra Prometida.  Josué recibió de inmediato la promesa de Dios; en otras palabras, él fue el sucesor de Moisés, y fue quien guío al pueblo a la Tierra Prometida y a las victorias que podemos fácilmente encontrar en los acontecimientos históricos en la Biblia. Pero ahora debemos preguntarnos, ¿había recibido Caleb también una promesa de Dios? Y quizás más importante aún, ¿recibió Caleb lo que Dios le había prometido?  La respuesta a ambas preguntas es ¡SI! Dios recompenso la fe de Caleb, pero no fue de la misma manera que lo hizo con Josué. Es por esta razón que hoy Quiero hablarle de la fe de Caleb; en otras palabras, la fe que Dios recompensa. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.
Josué 14:6-14 - Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. 7Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. 8Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. 9Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios. 10Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. 11Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.12Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. 13Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad. 14Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel.
Para lograr un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy debemos hacer un breve repaso de historia. En este punto de la historia Josué había guiado al pueblo de Dios a varias victorias. La primera victoria es quizás la más reconocida por el pueblo de Dios de hoy; estamos hablando de la victoria que ellos obtuvieron en Jericó. Esta victoria queda bien resumida en Josué 6:20 cuando leemos: “…Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron…” La segunda victoria fue cuando el pueblo conquisto la tierra de Hai, y es algo que queda bien resumido en Josué 8:24 cuando leemos: “…Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada….” Pero no se termino con esto. Josué tuvo que continuar luchando, y derroto un total de 31 reyes; esto es algo que pueden encontrar en su biblia en Josué 12:7-24; pero debido a que el tiempo que compartimos es limitado, no se los leeré.
Pero aun después de todo esto todavía quedaba tierra por conquistar. Esto es algo que queda bien resumido en Josué 13:1 cuando leemos: “…Siendo Josué ya viejo, entrado en años, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer….”  Y es aquí donde comienza nuestra lección de hoy. ¿Por qué he querido que notemos estos detalles?
La razón por la que he querido que estemos consientes de estos detalles es porque en ellos encontramos que Dios nos entrega la victoria sobre toda situación; pero, estos detalles también sirven para enseñarnos que nuestra batalla nunca se acaba.
Nuestra batalla en contra de los poderes de las tinieblas es constante, y en ocasiones bien difícil. Digo esto porque después de todo, la conquista de Jericó no fue nada fácil, las paredes de Jericó cayeron, pero ellos tuvieron que pelear. Conquistar Hai no fue nada fácil, después de todo, ellos tuvieron que pelear en contra del ejército en el desierto, y luego derrotar la ciudad.  Así que podemos decir confiadamente que pelear y derrotar treinta y un reyes no fue nada fácil. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio.
Lo primero que encontramos en los versículos que estamos estudiando en el día de hoy es: “…Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. 7Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. 8Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. 9Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios…” ¿Qué nos revelan estos versículos? Lo que estos versículos nos revelan es la confesión y convicción de la fe de Caleb. Desdichadamente esto es algo que muchos en el pueblo de Dios de hoy carecen. Con esto no estoy diciendo que el pueblo de Dios de hoy NO confiesa su fe, es decir, NO estoy diciendo que NO confesamos que Jesucristo es nuestro Rey y Salvador. Todos aquí decimos esto sin titubear, pero la realidad es que decir o confesar que Jesucristo es nuestro Rey y Salvador no es suficiente. El primer paso es confesar nuestra fe, pero la confesión no es suficiente si no existe la convicción. ¿Qué les quiero decir con esto?
Para contestar esa pregunta debemos analizar lo que Caleb le estaba pidiendo a Josué. ¿Qué le pidió Caleb a Josué? En los versículos que estamos estudiando en el de de hoy leemos: “…Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho…” Para que podamos tener un mejor entendimiento del significado de esta petición debemos detenernos aquí por un breve momento, y examinar la definición de dos palabras: “anaceos” y “quizá”. La palabra “anaceos” es una traducción de la palabra hebrea “Anaqiy” (pronunciada: anaquí), y su definición es: “tribu de gigantes, descendientes de Anac que habitaban en el sur de Canaán.[1]” La palabra “quizá” es una traducción de la palabra hebrea “'uwlay” (pronunciada: “ulai”), y parte de su definición es: “supuesto”[1].  Así que cuando empleamos estas dos definiciones podemos decir confiadamente que lo que Caleb le dijo a Josué fue que le entregara la montaña que Dios le había prometido, a pesar de lo difícil que su conquista pudiera aparentar, supuesto que Dios estaba con él. Esta es la fe que Dios recompensa; Dios recompensa una fe inmovible. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios recompensa una fe inmovible. Preguntémonos ahora: ¿tenemos nosotros este tipo de fe?
Caleb se enfrentaría en contra de una región habitada por gigantes con ciudades fortificadas; es decir, a un ejército de hombres mucho más fuertes que ellos. Ahora debemos nosotros preguntarnos: ¿estamos nosotros dispuestos a hacer lo mismo? Claro está en que no les estoy hablando de alzarnos en armas en contra de ningún pueblo o nación, pero si existe un gran territorio que nosotros tenemos que conquistar, y si existen numerosos gigantes que tenemos que batallar y derrotar. ¿Qué territorio tenemos nosotros que conquistar? Nosotros tenemos que conquistar al mundo; tenemos que conquistar esas personas que aun no conocen a nuestro Rey y Salvador; tenemos que conquistar a todas esas personas que se han apartado de Dios debido a las falsas doctrinas y corrupción de la iglesia; tenemos que conquistar a todas esas personas que han permitido que el diablo le susurre al oído y les convenza de que pueden continuar en una vida de pecado, y que Dios siempre les recibirá; esto es religión. Y quizás más importante aún, tenemos que conquistar nuestras propias deficiencias. Pero déjenme decirles que estos territorios no serán fáciles de conquistar; no serán fáciles de conquistar porque en ellos habitan gigantes que parecen insuperables.
En estos territorios habitan gigantes que trataran de detenernos, y lucharan en contra nuestra y si no poseemos una fe inmovible, pronto nos encontraremos retrocediendo y no avanzando hacia las promesas de Dios. ¿Qué gigantes tenemos nosotros que derrotar? Ahora bien, la realidad es que nosotros no tenemos un ejército físico de gigantes al que tenemos que enfrentarnos, pero si existe un ejército de principados y potestades malignas que a diario tratan de desviarnos de la voluntad de Dios. Esto es algo que queda bien claro en Efesios 6:12 cuando leemos: “…Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Así que cuando me refiero a los gigantes que tenemos que derrotar, les estoy hablando acerca de los poderes de las tinieblas que luchan sin descansar para tratar de detenernos.  ¿Cómo opera éste ejército? El ejército del maligno opera influenciando a aquellos que nos rodean, y en ocasiones a nosotros mismos, con el propósito de afectar nuestra fe. ¿Qué gigantes tenemos nosotros que batallar y derrotar?
Tenemos que derrotar el gigante de apatía. Este es el gigante que susurra a tu oído, no vayas hoy a la iglesia, estas cansado, duerme la mañana. Este es el gigante que trata de desalentarte para que no perseveres en la oración, y te susurra al oído, no pierdas tu tiempo, Dios no te escucha.
Tenemos que derrotar el gigante de temor. Este es el gigante que trata de detenerte para que no continúes marchando hacia adelante cumpliendo con la misión que Dios te ha entregado. Este es el gigante que te susurra al oído, tú no sabes, tú no puedes, ellos no quieren oír de Dios.

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