Disfruta de las bendiciones que Dios trae a tu vida
Marcos 6:48 – Y viéndoles remar con
gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta
vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería
adelantárseles.
Cuando llegan tormentas a la vida de un
ser humano, se agita el corazón, se perturba la mente y es una tortura
en el espíritu. También están aquellos que viven con amargura, pues
todo en la vida lo ven como una tortura. Hasta algunos cristianos viven
fatigados, pues creen que todo lo que Dios los manda hacer es una
tortura. La tortura no está en lo que haces o vives, sino que está en
la mente, en el pensamiento y esto sucede por estar desconectado de
Dios.
Cuando el hombre peca, Dios declara
maldición a la serpiente; a la mujer las consecuencias de su pecado y a
Adán los resultados que va a obtener- Adán, con el sudor de tu frente
vas a trabajar y entonces recibirás cardos y espinos. En otras palabras
Dios le dice- Adán, mientras estuviste en conexión conmigo, trabajabas y
los resultados eran buenos, pero de ahora en adelante, como te has
separado de mí, trabajarás, pero para encontrar la flor, primero,
encontrarás espinas. No todo el mundo puede ver la flor en su vida
porque el pecado hace que solamente se vean las espinas.
La mente es muy exitosa en hacerte ver
lo que está mal en tu vida. Por ejemplo, siempre llegan pensamientos de
todo lo que te esfuerzas y comoquiera todo te va mal. Cuando se
trabaja sin comunión y sin el favor de Dios, todo lo que se trabaja es
una tortura. Entender que Dios siempre está contigo, entender que el
matrimonio, los hijos, el negocio y el trabajo te lo dio Él no causa
tortura, sino paz, gracia, favor y bendición. Entender que Dios siempre
está contigo, aunque llegue la tormenta y los vientos sean contrarios,
hace que puedas seguir remando confiadamente, sin fatigarte.
Si estás viviendo una etapa donde los
resultados que obtienes no son los que deberías recibir y a causa de
esto te sientes fatigado, Dios dice en Hageo 1:5 que si estas sembrando y
recoges poco, piensa. Si comes y no te satisfaces, piensa. Si te
vistes y no te calientas, piensa. El problema no son los resultados que
estas teniendo, el problema está en lo que tú esperas que los
resultados hagan en tu vida. Esto es lo que causa la fatiga en una
persona.
En la biblia el que trabaja fatigado es
aquella persona que no tiene propósito, ni sentido y pone su identidad
en lo que hace; necesita reconocimientos por lo que hace. La persona
que trabaja fatigada es la que trata de buscar seguridad en lo que hace.
No vivas fatigado y con amargura, de tal
manera que no te permita disfrutar de las bendiciones que Dios trae a
tu vida. Vive confiado de que llegarás al otro lado de la orilla.
Tú sabes que debes servirle a Dios
Marcos 6:45, en adelante, se nos narra el momento en que, luego de la multiplicación de los panes y los peces, los discípulos emprenden su travesía en el mar y, en el verso 47, dice la palabra que la barca estaba en el medio del mar. Si vemos en un mapa hacia dónde se dirigían los discípulos, podemos ver que estaban supuestos a navegar de manera paralela a la orilla. O sea, no tenían por qué estar en medio del mar. La tormenta los había impulsado al medio del mar.
Añade la palabra del Señor que “viéndoles remar con fatiga… vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.” Pero, dice más adelante, que Jesús subió a la barca con ellos. Jesús no se monta en la barca porque haya una tormenta, sino porque, los que están en la barca están fatigados. El problema no era la tormenta, sino el remar con fatiga.
Cuando Jesús se monta en la barca con ellos, la tormenta cesó y, dice la palabra que los discípulos se maravillaron, y añade: Porque todavía no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones.
¿Qué tiene que ver lo de los panes con la tormenta?
A diferencia de los otros libros, el libro de Marcos nos muestra una secuencia de milagros que Jesús va haciendo, y que van provocando –o que se supone que provoquen – que la fe de los discípulos vaya en aumento. Pero aquí podemos ver que, por más milagros que habían visto –liberación de espíritus inmundos, sanidad de un leproso, sanidad de un paralítico, resucitación de una niña – en lugar de creer, endurecieron su corazón.
Muchos le sirven a Dios, y han visto milagro tras milagro y, aun así, tienen el corazón endurecido.
Siempre pensamos que los de corazón endurecido son los no creyentes; pero tener el conocimiento entenebrecido, no es lo mismo que tener un corazón endurecido. El mundo está engañado; los creyentes no lo estamos, pero, muchas veces, permitimos que nuestro corazón se endurezca.
Tú sabes que debes servirle a Dios. Saliste del engaño del mundo. Entendiste que estabas mal. Pero, mientras más Dios hace en nuestras vidas, más endurecemos nuestro corazón. Mucha gente es salva, pero vive frustrada por lo que Dios no ha hecho en sus vidas. Jesús ha estado trabajando con ellos –como con los discípulos – tratando de desatar su fe; pero han endurecido sus corazones.
Dios ha hecho muchos milagros en tu vida, tratando de desatar tu fe, para que entiendas que la tormenta que vives hoy no va a acabar contigo.
Las situaciones que llegan a tu vida, ya no deberían sorprenderte. Tú deberías saber, y declarar: Esto también pasará. Vamos a cruzar al otro lado.
Qué triste es que el mundo se deja gobernar por el estomago
Juan 6:15 nos dice que luego de que Jesús multiplicó los panes y los peces, la multitud lo aclamó y lo quiso hacer rey. Luego de esto, Jesús se fue al monte para estar sólo. Se fue a estar sólo para vencer la tentación, para que no se le subiera a la cabeza la fama y el poder de la multitud que le aclamaba. Se distancio para orarle al padre. Su deseo no era ser rey porque la gente lo aclamara como rey, Él quería ser rey cuando el Padre Celestial lo hiciera rey.
Esta era la segunda vez que Jesús era tentado con un reinado terrenal, pues en la primera ocasión fue cuando Jesús estaba ayunando y Satanás le dijo –si postrado me adorares, te daré todos estos reinos. El enemigo no pudo convencer a Jesús, y ahora la multitud intenta convencerlo. Lo triste es que la multitud lo quería como rey, no porque lo reconocieran como hijo de Dios, sino porque les dio de comer.
Qué triste es que el mundo se deja gobernar por el estomago. Todo político que promete bebida y comida es el que el pueblo prefiere. La historia ha demostrado que el imperio romano fue degradado porque le daba al pueblo bebida, comida y sexo en grandes fiestas.
Por naturaleza, el ser humano es insaciable y se cansa de hacer, tener, comer siempre lo mismo; si se le aumenta panes y peces, luego exigirían mayores cosas para comer. Esto se puede ver cuando en el pueblo de Israel se queja del mana que Dios les dio en el desierto y luego Dios les envió codornices.
Jesús no permite que lo hagan rey porque solamente les suplió su necesidad. Es triste servirle a Dios y hacerlo el rey de tu vida, únicamente porque solamente multiplica los panes y los peces de tu vida.
Si reduces a Dios únicamente a una provisión, harás que la salvación sea temporera, escasa, tonta, efímera, simple, cuando en realidad es más que panes y peces.
Muchos abandonan el servir a Dios cuando se encuentran en problemas y no hay panes y peces en algún momento de sus vidas. Esto sucede cuando haces a Jesús tu rey solamente por lo que te suple y no por el gran acto de amor en la cruz del Calvario. La vida con Jesús es mucho más que panes y peces, es toda una vida de salvación, de libertad, redención y paz.
Entregas el espacio que Dios debe ocupar
Cuando Jesús llega a tierra de los gadarenos, donde vino a su encuentro un endemoniado, al cual, dice la palabra que trataban de amarrar, para cuidar su vida, para que no se hiriera, pero él terminaba siempre en el desierto.
Hay cristianos que siempre dicen estar en un desierto. Al desierto tú puedes ir, o dirigido por Dios, o dirigido por tu perturbación. Jesús fue al desierto, pero, dice la palabra, que fue dirigido por el Espíritu de Dios. Jesús no fue al desierto porque estuviese mentalmente perturbado. Jesús fue al desierto, y allí venció al enemigo.
Tú no fuiste hecho para el desierto. Dios no hizo un desierto para poner al hombre, sino que hizo un huerto en Edén. Cuatro ríos alimentaban aquel lugar. Había oro y, dice la biblia, que era oro bueno. Todo estaba al alcance de la mano de Adán.
El desierto es todo lo contrario. Y la tormenta te quiere mandar al desierto, al lugar árido.
Cuando tú pierdes tu fe, entregas el espacio que Dios debe ocupar, y otra cosa, otro pensamiento se encargará de ocuparlo. No hay espacios vacíos. Aun la ciencia cree en este principio.
Quizás piensas que, si vacías un vaso hasta la mitad, entonces, la otra mitad está vacía, pero lo que realmente ocurre es que el aire reemplaza al agua. La otra mitad está ahora llena de aire. El hecho de que tú no veas el aire, no quiere decir que esté vacío. Al quitar el agua, le das espacio al aire.
En este mundo, nada se puede quedar vacío. Ahora, la pregunta es: ¿Con qué lo llenamos?
En Génesis, se nos describe la condición de la tierra como: Desordenada y vacía. Pero dice, también, que el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Dios vino a ocupar el espacio que, en un momento dado, estaba vacío.
Nada se puede quedar vacío. El día que sacas tu fe, entra el miedo. El día que tu mente no está llena de pensamientos de Dios, ese día llegan los pensamientos del mundo y, lamentablemente, se apoderan y, sin darte cuenta, te mandan al desierto.
El endemoniado gadareno iba al desierto, perturbado por sus pensamientos, por su mente.
Todos, por más perturbados que estemos, tenemos un momento de lucidez. El problema es que, a veces, la lucidez es más fuerte que la perturbación porque nos hace ver la realidad de los asuntos con los que tenemos que trabajar, y por eso hay gente que prefiere vivir perturbada. Por eso, también, la gente requiere de tanto entretenimiento.
Mientras te mantengas únicamente entreteniéndote, no estarás ocupándote de poner tus pensamientos en orden y, mientras no pongas tus pensamientos en orden, continuarás perturbado.
Así estaba aquel hombre, hasta que llegó Jesús. Dice la palabra que, luego de ser liberado, aquel hombre fue hallado a los pies de Cristo. Un hombre que anteriormente no podía ser atado, ahora estaba voluntariamente sentado a los pies del Maestro.
Estar a los pies de Jesús no es para perturbados, sino para aquellos que han sido liberados.
El mundo piensa que estamos locos por estar en la iglesia, pero en realidad, una de las señales de cordura es estar a los pies de Cristo. Locura es estar afuera y no sentado a los pies del Maestro.
Aquel hombre estaba sentado, quieto en su lugar, tranquilo. Esto es algo que, aun a nosotros mismos, se nos hace difícil. Pero, cada vez que tú pienses que tu mente te controla, recuerda el tiempo que pasas a los pies de Cristo. Eso te dice que no te tienes que volver loco con lo que pasa en el mundo, porque estás escuchando lo que tienes que escuchar, y esto te permite tener victoria sobre tu mente, sobre tus pensamientos.
Siéntate a los pies de Cristo y permite que sean sus palabras las que pongan calma, paz en tu vida, y que te ayuden a recuperar quien tú eres.
Qué brecha te has abierto
Génesis 38:27, había unos gemelos a
punto de nacer y, cuando uno saco el brazo, la partera le puso un hilo
de grana, marcándolo como que sería el primero. Ese hilo de grana le
daba derecho a todo lo mejor de la vida, de sus padres y de su herencia.
Pero dentro del vientre, había otro que decía: No, tú no vas a tomar
esa vida y esa herencia; le dio un jalón, que volvió a entrar y entonces
salió el que se supone saldría segundo, a quien llamaron Fares.
Le llamaron Fares a ese bebé porque la
partera dijo: ¡Qué brecha te has abierto! Fares dijo: Yo voy a abrirme
camino, cuando pensaron que no me tocaba a mí; voy a abrir camino donde
no hay. Si miras la biblia, más adelante, te darás cuenta que Fares es
parte de la genealogía de Jesucristo. Fares no tan solo se abrió una
brecha en el mundo natural, no tan solo recibió el derecho de la doble
herencia, no tan solo recibió autoridad, sino que, en el mundo
espiritual, se abrió la brecha para que de él saliera la genealogía de
nuestro Señor Jesucristo.
Haz camino donde no hay. Di a los que
te encuentras de frente: Más que sacar la mano, tenías que salir por
completo y no lo hiciste, así que vuelve para atrás porque me toca a mí.
Estuviste ahí primero, pero no hiciste nada; ahora salte del camino
que me toca a mí; yo me voy a poner al frente y voy a hacer lo que tengo
que hacer.
Vive sin límites. Ábrete brecha. Haz
lo que nadie ha hecho; haz precedencia. Haz lo que otros no se han
atrevido a hacer. Dirán: ¡Yo saqué la mano primero! Pero no vale
solamente la mano; tenían que salir por completo. Pudieron haber nacido
con el hilo de grana en sus manos, pero tú saliste primero, tú llegaste
aquí, y la fila comienza detrás de ti.
El viento no solo está soplando para tu barca, también para las demás
En Marcos 4:35, vemos que Jesús, luego de dirigirse en parábolas a la multitud, la
despide, y dice a sus discípulos: Pasemos al otro lado. Una vez
partieron, se levantó una gran tormenta, mientras Jesús dormía. Le
despertaron, diciendo: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Jesús
se levantó y reprendió al viento y mandó al mar a callar, y cesó el
viento y se hizo grande bonanza.
Se nos aclara, además, en esta lectura,
que había otras barcas en aquel lugar. El viento no solo estaba soplando
para su barca, sino también para las demás; todas las barcas estaban
experimentando aquella tormenta. Y es que no hay tal cosa como
experimentar una tormenta por ti solo. Cada vez que tu vida se sale de
orden, la vida de alguien más se sale de orden.
Pensamos que a nadie debería importarle
lo que hagamos; pero, lo que tú hagas, importa, porque afecta a otros.
Esto aplica, también, a lo que haces en privacidad. En privacidad se
embaraza a una mujer y, si el hombre no asume su responsabilidad, el
resto de la sociedad vive con las consecuencias.
Cada vez que experimentes una tormenta,
mira a tu alrededor, sabiendo que más vale que calmes la tormenta porque
puede que tú sepas cómo llegar al otro lado, pero las barcas que
salieron porque te vieron salir, quizás no crucen por la tormenta que se
ha creado por tú haber salido.
Hay gente que toma decisiones basadas en
tus decisiones; tus hijos, tu cónyuge… Y quizás te has vuelto experto
en cruzar tormentas, pero no todo el mundo es experto en cruzar esas
tormentas que tú cruzas.
La segunda vez que Cristo bendijo a
Pedro, con una pesca milagrosa, aquella pesca fue tal que requirió de
otras barcas. Había otras barcas con él también en aquella ocasión. Y,
aunque Pedro fue quien tiró la red, no tan solo él recibió el milagro,
sino que, los que estaban cerca, recibieron también de aquel milagro
provocado por Pedro.
El día que Dios te prospera y te
bendice, las otras barcas que están allí también reciben prosperidad y
bendición. Tus barcas llenas en sobreabundancia provocan que las barcas
de otros también se hagan sobreabundantes.
Tú cargas con la bendición de poder
bendecir la vida de otros, pero no olvides que también, cuando llegan
tormentas a tu vida, otros a tu alrededor las están pasando, y las están
pasando porque salieron cuando te vieron a ti salir.
Un cristiano responsable sabe que todo
lo que hace provoca o bendición o maldición en la vida de todos los que
están a su alrededor.
No pienses que nadie ve la decisión que
tú estás tomando. Cuida dónde andas, con quién estás, qué haces. Toma
autoridad sobre esa tormenta que estás viviendo, no tan solo por ti,
sino por todos los que han zarpado. Por tus hijos, por tu cónyuge, por
tu matrimonio, por tus amigos; porque, si fracasas, contigo fracasan tus
hijos, tu familia y todos a tu alrededor.
Todos atravesamos tormentas y, cuando lo
hagamos, tenemos que determinarnos a llegar al otro lado. Y, cuando
Dios te dé la pesca milagrosa, reparte también la bendición.











