Entregas el espacio que Dios debe ocupar
Cuando Jesús llega a tierra de los gadarenos, donde vino a su encuentro un endemoniado, al cual, dice la palabra que trataban de amarrar, para cuidar su vida, para que no se hiriera, pero él terminaba siempre en el desierto.
Hay cristianos que siempre dicen estar en un desierto. Al desierto tú puedes ir, o dirigido por Dios, o dirigido por tu perturbación. Jesús fue al desierto, pero, dice la palabra, que fue dirigido por el Espíritu de Dios. Jesús no fue al desierto porque estuviese mentalmente perturbado. Jesús fue al desierto, y allí venció al enemigo.
Tú no fuiste hecho para el desierto. Dios no hizo un desierto para poner al hombre, sino que hizo un huerto en Edén. Cuatro ríos alimentaban aquel lugar. Había oro y, dice la biblia, que era oro bueno. Todo estaba al alcance de la mano de Adán.
El desierto es todo lo contrario. Y la tormenta te quiere mandar al desierto, al lugar árido.
Cuando tú pierdes tu fe, entregas el espacio que Dios debe ocupar, y otra cosa, otro pensamiento se encargará de ocuparlo. No hay espacios vacíos. Aun la ciencia cree en este principio.
Quizás piensas que, si vacías un vaso hasta la mitad, entonces, la otra mitad está vacía, pero lo que realmente ocurre es que el aire reemplaza al agua. La otra mitad está ahora llena de aire. El hecho de que tú no veas el aire, no quiere decir que esté vacío. Al quitar el agua, le das espacio al aire.
En este mundo, nada se puede quedar vacío. Ahora, la pregunta es: ¿Con qué lo llenamos?
En Génesis, se nos describe la condición de la tierra como: Desordenada y vacía. Pero dice, también, que el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Dios vino a ocupar el espacio que, en un momento dado, estaba vacío.
Nada se puede quedar vacío. El día que sacas tu fe, entra el miedo. El día que tu mente no está llena de pensamientos de Dios, ese día llegan los pensamientos del mundo y, lamentablemente, se apoderan y, sin darte cuenta, te mandan al desierto.
El endemoniado gadareno iba al desierto, perturbado por sus pensamientos, por su mente.
Todos, por más perturbados que estemos, tenemos un momento de lucidez. El problema es que, a veces, la lucidez es más fuerte que la perturbación porque nos hace ver la realidad de los asuntos con los que tenemos que trabajar, y por eso hay gente que prefiere vivir perturbada. Por eso, también, la gente requiere de tanto entretenimiento.
Mientras te mantengas únicamente entreteniéndote, no estarás ocupándote de poner tus pensamientos en orden y, mientras no pongas tus pensamientos en orden, continuarás perturbado.
Así estaba aquel hombre, hasta que llegó Jesús. Dice la palabra que, luego de ser liberado, aquel hombre fue hallado a los pies de Cristo. Un hombre que anteriormente no podía ser atado, ahora estaba voluntariamente sentado a los pies del Maestro.
Estar a los pies de Jesús no es para perturbados, sino para aquellos que han sido liberados.
El mundo piensa que estamos locos por estar en la iglesia, pero en realidad, una de las señales de cordura es estar a los pies de Cristo. Locura es estar afuera y no sentado a los pies del Maestro.
Aquel hombre estaba sentado, quieto en su lugar, tranquilo. Esto es algo que, aun a nosotros mismos, se nos hace difícil. Pero, cada vez que tú pienses que tu mente te controla, recuerda el tiempo que pasas a los pies de Cristo. Eso te dice que no te tienes que volver loco con lo que pasa en el mundo, porque estás escuchando lo que tienes que escuchar, y esto te permite tener victoria sobre tu mente, sobre tus pensamientos.
Siéntate a los pies de Cristo y permite que sean sus palabras las que pongan calma, paz en tu vida, y que te ayuden a recuperar quien tú eres.
Qué brecha te has abierto
Génesis 38:27, había unos gemelos a
punto de nacer y, cuando uno saco el brazo, la partera le puso un hilo
de grana, marcándolo como que sería el primero. Ese hilo de grana le
daba derecho a todo lo mejor de la vida, de sus padres y de su herencia.
Pero dentro del vientre, había otro que decía: No, tú no vas a tomar
esa vida y esa herencia; le dio un jalón, que volvió a entrar y entonces
salió el que se supone saldría segundo, a quien llamaron Fares.
Le llamaron Fares a ese bebé porque la
partera dijo: ¡Qué brecha te has abierto! Fares dijo: Yo voy a abrirme
camino, cuando pensaron que no me tocaba a mí; voy a abrir camino donde
no hay. Si miras la biblia, más adelante, te darás cuenta que Fares es
parte de la genealogía de Jesucristo. Fares no tan solo se abrió una
brecha en el mundo natural, no tan solo recibió el derecho de la doble
herencia, no tan solo recibió autoridad, sino que, en el mundo
espiritual, se abrió la brecha para que de él saliera la genealogía de
nuestro Señor Jesucristo.
Haz camino donde no hay. Di a los que
te encuentras de frente: Más que sacar la mano, tenías que salir por
completo y no lo hiciste, así que vuelve para atrás porque me toca a mí.
Estuviste ahí primero, pero no hiciste nada; ahora salte del camino
que me toca a mí; yo me voy a poner al frente y voy a hacer lo que tengo
que hacer.
Vive sin límites. Ábrete brecha. Haz
lo que nadie ha hecho; haz precedencia. Haz lo que otros no se han
atrevido a hacer. Dirán: ¡Yo saqué la mano primero! Pero no vale
solamente la mano; tenían que salir por completo. Pudieron haber nacido
con el hilo de grana en sus manos, pero tú saliste primero, tú llegaste
aquí, y la fila comienza detrás de ti.
El viento no solo está soplando para tu barca, también para las demás
En Marcos 4:35, vemos que Jesús, luego de dirigirse en parábolas a la multitud, la
despide, y dice a sus discípulos: Pasemos al otro lado. Una vez
partieron, se levantó una gran tormenta, mientras Jesús dormía. Le
despertaron, diciendo: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Jesús
se levantó y reprendió al viento y mandó al mar a callar, y cesó el
viento y se hizo grande bonanza.
Se nos aclara, además, en esta lectura,
que había otras barcas en aquel lugar. El viento no solo estaba soplando
para su barca, sino también para las demás; todas las barcas estaban
experimentando aquella tormenta. Y es que no hay tal cosa como
experimentar una tormenta por ti solo. Cada vez que tu vida se sale de
orden, la vida de alguien más se sale de orden.
Pensamos que a nadie debería importarle
lo que hagamos; pero, lo que tú hagas, importa, porque afecta a otros.
Esto aplica, también, a lo que haces en privacidad. En privacidad se
embaraza a una mujer y, si el hombre no asume su responsabilidad, el
resto de la sociedad vive con las consecuencias.
Cada vez que experimentes una tormenta,
mira a tu alrededor, sabiendo que más vale que calmes la tormenta porque
puede que tú sepas cómo llegar al otro lado, pero las barcas que
salieron porque te vieron salir, quizás no crucen por la tormenta que se
ha creado por tú haber salido.
Hay gente que toma decisiones basadas en
tus decisiones; tus hijos, tu cónyuge… Y quizás te has vuelto experto
en cruzar tormentas, pero no todo el mundo es experto en cruzar esas
tormentas que tú cruzas.
La segunda vez que Cristo bendijo a
Pedro, con una pesca milagrosa, aquella pesca fue tal que requirió de
otras barcas. Había otras barcas con él también en aquella ocasión. Y,
aunque Pedro fue quien tiró la red, no tan solo él recibió el milagro,
sino que, los que estaban cerca, recibieron también de aquel milagro
provocado por Pedro.
El día que Dios te prospera y te
bendice, las otras barcas que están allí también reciben prosperidad y
bendición. Tus barcas llenas en sobreabundancia provocan que las barcas
de otros también se hagan sobreabundantes.
Tú cargas con la bendición de poder
bendecir la vida de otros, pero no olvides que también, cuando llegan
tormentas a tu vida, otros a tu alrededor las están pasando, y las están
pasando porque salieron cuando te vieron a ti salir.
Un cristiano responsable sabe que todo
lo que hace provoca o bendición o maldición en la vida de todos los que
están a su alrededor.
No pienses que nadie ve la decisión que
tú estás tomando. Cuida dónde andas, con quién estás, qué haces. Toma
autoridad sobre esa tormenta que estás viviendo, no tan solo por ti,
sino por todos los que han zarpado. Por tus hijos, por tu cónyuge, por
tu matrimonio, por tus amigos; porque, si fracasas, contigo fracasan tus
hijos, tu familia y todos a tu alrededor.
Todos atravesamos tormentas y, cuando lo
hagamos, tenemos que determinarnos a llegar al otro lado. Y, cuando
Dios te dé la pesca milagrosa, reparte también la bendición.
Declaro en el nombre de Jesús que tu retomas tu fe
Lucas 8:22 en adelante, nos relata el
momento en que Jesús calma la tempestad, después de que sus discípulos
se asustaran y lo despertaran por que se había quedado dormido. Esto
sucedió cuando Jesús salió de predicar, y se monta en un barco para
cruzar el lago, y encontrarse al otro al endemoniado Gadareno.
En los versos 35-39, comparado con el
resto de los evangelios, Lucas le presta mucha atención al endemoniado
Gadareno. Por este motivo se puede entender que la tormenta que se
desato tiene que ver con la resistencia de aquella ciudad y los
demonios, que no querían que Jesús llegara; así que se levanta la
tormenta para impedir que Jesús llegue hasta allá y libere al
endemoniado.
Cuando Lucas relata la historia de la
tormenta en el versículo 23, dice que se desencadeno una tormenta. Esto
significa que pasaron un sin número de eventos, que provocaron aquella
tormenta, y cuando los discípulos vieron que el barco ya se hundía, que
se metía el agua, entonces fue cuando clamaron, Maestro no te das cuenta
que vamos a perecer. Entonces Jesús, después que calmó la tormenta, les
dice, donde se fue su fe.
Hoy la pregunta es esa, ¿Donde se fue
tu fe? En la cadena de eventos que sucedieron en tu vida, que te han
llevado a la tormenta ¿Donde se fue tu fe? ¿Donde fue que dejaste de
creer?
Los discípulos no pensaban que
peligraban cuando la tormenta empezó. Aunque no sabemos cuando fue que
comenzaron a pensar que se iban a hundir, si sabemos que hubo un
momento en todo ese proceso, en el que su fe se fue y cuando esto
sucedió fue que empezaron a peligrar.
En algún momento dado todo el mundo ha
tenido algún problema económico, algún problema en el matrimonio, en el
trabajo, con la familia. Hay gente que sabe manejar estos problemas uno a
la vez, son capaces de no preocuparse y no desesperarse. Sin embargo,
si tienen una combinación de estos problemas no tienen la capacidad de
aguantar.
En la vida hay un punto donde se va tu
resistencia, y el enemigo y el mundo lo saben. Es el lugar donde
verdaderamente tu fe es estremecida, es el momento en que piensas
rendirte.
A veces deseas que desaparezca la
tormenta sin darte cuenta que no es la tormenta la que afecta tu vida,
sino el punto donde se fue tu fe.
Tal vez tu fe se fue cuando te fuiste a
quiebra, cuando alguien te engaño, cuando descubriste algo que no
conocías. Desde entonces caminas y caminas, tratas de motivarte, de
inspirarte, pero hay algo dentro de ti que falta. Debes volver a
ganarte a ti mismo; volver a ese punto donde perdiste tu fe y decir, no
voy a permitir que ese momento dañe la fe que me va a hacer cruzar al
otro lado. Si no lo haces estarás luchando toda tu vida con tormentas,
sin darte cuenta que con lo que tienes que trabajar es con no perder tu
fe.
Tienes que descubrir en qué momento
perdiste tu fe, para que puedas retomarla. En el día que dijiste hasta
aquí, ese es el día que tienes que retomar tu fe y decir, no mas, le voy
a creer a Dios, esta tormenta no acaba conmigo porque no importa lo que
vea, no importa el punto al que llegue, no voy a perder mi fe.
Declaro en el nombre de Jesús que
retomas tu fe y que ninguna de las experiencias del pasado te hace
hundirte en medio de esta tormenta. Dios te da la victoria.
Vivir en la paz de Dios es tomar autoridad sobre la tormenta
Mateo 8:23-37 nos muestra el momento en el que se levanta una gran tormenta, mientras Jesús dormía en una barca, y los discípulos lo levantan porque tenían miedo. Lo primero que Jesús les dice al despertar es: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?
En esta escritura vemos que el miedo está relacionado a la fe. Cuando tienes poca fe, muestras mucho miedo, pocas expectativas, pocos sueños y metas.
Tu cerebro no controla totalmente tus decisiones y acciones, sino que siempre habrá una decisión que puedes tomar para transformar lo que sientes, piensas y experimentas. Esto es el dominio del espíritu en tu interior. Si esto no fuera así, seríamos máquinas, robots controlados por un pequeño cerebro. En los momentos difíciles, la pregunta es: ¿Dónde está mi fe? ¿Fe o miedo? ¿En qué pongo mi mirada, en qué me enfoco?
El grado de miedo que experimentas es tu grado de fe.
Luego de haber cuestionado el temor de los discípulos, Jesús reprende los vientos. Reprender es una acción de decir: Esto no puede ser de esta manera. Cuando reprendes a alguien, le estás diciendo: No permito ese comportamiento. Reprender es una actitud de autoridad.
Hay quienes no toman autoridad sobre las circunstancias y tratan de buscar aquello que les pueda dar paz. Esto le pasaba al rey Saúl; tenía demonios que le atormentaban y le traían a David que tocara el arpa para calmarlo; pero, cuando la música cesaba volvía a ser atormentado. Esto sucede con algunas personas que están atormentadas; escuchan música, se entretienen y se calman por un rato, pero no tienen paz. Vivir en la paz de Dios es tomar autoridad sobre la tormenta y vivir en la bonanza de Dios, para, de esta manera, cumplir el propósito de Dios en nuestras vidas.
Después que Jesús calma la tormenta y llegan a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron dos endemoniados feroces al encuentro y le preguntan: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos? Es impresionante ver que, tan solo un momento atrás, los discípulos no sabían quién era Jesús, pero estos endemoniados lo reconocieron.
Cuando tú entiendes que eres una amenaza para los problemas, caminas y vives en autoridad y en paz.
Los discípulos despertaron, levantaron a Cristo en medio de aquella tormenta. Mientras sigas dormido, tu tormenta no va a desaparecer. Hay tormentas en tu vida que tienes que levantarte, tomar autoridad y reprender.
Hoy, levántate en medio de la tormenta. No huyas; enfréntate y párate firme en la palabra de Dios. Declara las promesas: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Ante los pensamientos negativos y de temor, declara: Ninguna arma forjada contra mi prosperará. Has que tu vida tenga bonanza, disfruta de la paz de Dios y así podrás cumplir su propósito.
La paz de Cristo promete que Lloremos sin derrumbarnos
Juan 14:27, Jesús dijo a sus discípulos: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.
Todo ser humano, de una manera u otra, desea la paz. La paz no se experimenta en la mente, sino en lo más profundo del corazón y entonces se transfiere a la mente.
En estos versos, podemos ver que hay dos clases de paz: la que el mundo da y la de Cristo. La paz que el mundo ofrece es temporera, fantasiosa y se logra alcanzando algo o eliminando algo.
La paz de Cristo no es la que promete librarnos de los problemas. Es la que nos permite: 1) Llorar sin derrumbarnos; 2) Seguir caminando, a pesar de las dificultades; 3) Regocijarnos aun en medio de los problemas; 4) Cantar aun en medio de las tribulaciones; y 5) Tomar autoridad sobre las circunstancias, en vez de que las circunstancias tomen el control de nuestras vidas.
En Filipenses 4:7, dice: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.Pablo nos dice qué produce la paz cuando tu corazón y tus pensamientos se guardan en Cristo; es pensar en lo que él hizo por ti; en la obra redentora de su muerte y resurrección.
El problema es que se quiere tener paz con pensamientos positivos, pero esto no da paz. Lo único que da paz es pensar en Cristo todos los días y vivir agradecido por lo que Él ha hecho por tu vida; él te amó tanto, que envió a su Hijo unigénito para que muriera por tus pecados.
Si te traicionan, niegan, mienten, persiguen y te vituperan, lleva tus pensamientos a lo que a Cristo le hicieron; a él, nada de esto lo detuvo. Cuando aumentan los impuestos, o no hay con qué pagar, di a ti mismo: Tranquilo, de algún lado llegará la provisión. Y recuerda la ocasión que le pasó lo mismo a Cristo y, milagrosamente, dentro de un pez, apareció la provisión. Guarda la cordura; vive en paz, sabiendo que en Cristo está la solución.
Para alcanzar paz interior, hay que aprender a tomar autoridad sobre las tormentas que se levantan en nuestras vidas. En dos ocasiones, Jesús, junto a sus discípulos, se enfrenta a una tormenta. En la primera, Jesús está dentro del bote y, cuando calma la tormenta, los discípulos dicen: ¿Qué clase de hombre es este, que calma la tempestad? En la segunda, Jesús está fuera del bote y, cuando calma la tempestad, los discípulos dicen: Verdaderamente, este es el Hijo de Dios.
Esto nos enseña varias cosas, entre ellas, que comoquiera llegan tormentas, ya sea que Jesús esté dentro o fuera del bote. Nos enseña, además que, si aprovechamos bien la primera tormenta, en la segunda, aprenderemos algo mayor. Si se aprovecha el momento difícil en que se está viviendo, definitivamente podemos crecer espiritualmente y ver cosas mayores. En la primera tormenta, los discípulos no lo reconocían; pero, en la segunda, sabían que era el Hijo de Dios.
En la biblia se registran hombres que tomaron control sobre las tormentas naturales. Elías oró para que lluvia cayera del cielo y Moisés abrió el mar. Luego de esto, no vemos ningún otro acontecimiento similar, hasta que, en el Nuevo Testamento, vemos a Jesús calmando la tormenta. En el tiempo en que vivimos, no vemos que se pueda controlar las tormentas en forma natural, solamente se pueden predecir. En las tormentas naturales, la gente se prepara, pero son esos problemas que te llegan sin estar preparado, los que destruyen el corazón. Llegan de repente y cambian la atmósfera de tu vida. De repente se rompe el matrimonio, se pierden los hijos, se pierde el trabajo, la casa, el carro. Pero, cuando se vive de la manera correcta y confiamos en Dios, sabemos que la tormenta se va a calmar, cruzaremos al otro lado y Dios nos dará la victoria.











